991. EL BOTELLÍN DORADO
Marta Martos Molina | literalia

Mi mujer no se alegró:
– ¿Y qué nos van a dar?
– ¡Un año de cerveza gratis!
Lanzó una mirada al cielo.
– Ya me puedo imaginar el año que me espera. Fines y fines de semana delante de la tele, viendo cómo te bebes una cerveza tras otra, tan feliz, aunque a mí se me caiga la casa encima.
– Mujer, no digas eso. Si el otro día cenamos fuera.
– ¡En un McDonalds!!!
– Nos pillaba de camino.
– De camino, después de hacer la compra. Lo más apasionante que hacemos el sábado.
Mi hijo tampoco se alegró:
– ¡Hugo! ¡Mira lo que tengo! Nos ha tocado…¡el botellín dorado!
Cogió el llavero con forma de botellín, sólo para volver a sus tareas un segundo después.
– Otro que no se alegra.
– ¿Sabes cuántas calorías tiene una cerveza?
– No, hijo, no. Tú sí ¿verdad?
– Sólo te diré que son calorías vacías. Las bebidas alcohólicas añaden a la dieta muchíiiiiiisimas calorías.
Lo dijo alargando la “i”, remarcando su mensaje militante contra el alcohol, mientras yo fantaseaba con que, en pocos años, iríamos juntos de cañas.
Siempre quedan los amigos:
– Espero que tú me felicites.
– ¡Claro que sí, macho! ¡Un año de cerveza gratis! ¡Ya me veo en tu casa! Viendo los partidos. ¡Verás cuando empiece el Mundial!
– Tampoco es eso, Juancho, que te van a echar de menos en tu casa.
– ¿A mí? ¿Quién? ¿Teresa? Si desde que me echaron de la fábrica parece que le estorbo en el salón. Me mira como diciendo “¿qué haces que no estás buscando trabajo?”. Pero es que se me cae el alma a los pies cada vez que voy a una entrevista. Me han llegado a preguntar cada gilipollez.
– Bueno, tío. Ya te saldrá algo.
– Sí, con cincuenta y cinco años…
Y viendo el percal, tomé medidas: salir a cenar con mi mujer una vez a la semana, en plan novios; o jugar más con mi hijo, todo fuera para que no acabara siendo un friki. También hablé con Juancho:
– Pues qué mala suerte.
– Ya te digo, Juancho, el marketing. Si todo esto de los premios es mentira.
– Habría sido cojonudo un año de cerveza gratis.
– Bueno, así no nos apoltronamos en el sofá. Que tú estás… ¿cómo dijiste el otro día?
– En “búsqueda activa de empleo” me dijo la chica del SEPE.
Y cuando tenía un rato libre me bajaba al trastero. Había convencido a Mari de que quería iniciarme en el bricolaje. No le extrañó después de observar todos mis cambios. Supongo que creyó que la crisis de la mediana edad me estaba acosando, y que era mejor que me diera por las chapuzas, que por comprarme un descapotable con el dinero que no teníamos. Y como asumió que el trastero era ahora mi territorio, lo tuve fácil para esconder toda la cerveza de un año. Si me superaban mis buenas intenciones, me bajaba a repostar.