736. EL BURRO VERDE.
juan carlos palomo gamarra | Titopalomo

Una mañana que María Negro se preparaba para su faena del día, no ve a su burro en el fondo de su humilde casa. Se asoma a la puerta y recibe la gran sorpresa: su querido asno la esperaba ¨vestido¨ de verde, con los cascos pintados de negro, una aureola amarilla le adornaba los ojos, el maruto pintado de negro con rojo, y unos cuantas latas amarradas a su cola, para que el asustado burro, retornara hacia su conocido hogar. El burro había sido secuestrado entrada la noche. La pintura utilizada no dañaría al animal, que con el paso del tiempo se le borraría. Viendo a su burro en tales condiciones, la bravura de María Negro se notaba en la llamarada de sus resplandecientes ojos. Ni la mirada de amor y los besitos que le tiraba su borrico, tratando de apaciguarla, la calmaban. Su grito de rabia retumbó en todo el valle. Entró nuevamente a su casa. Esperó un buen rato, mientras los habitantes del pueblo se iban reuniendo alrededor del asno. Llegada la hora en que calculó era horario de trabajo, se fue con su amansado onagro a la Alcaldía y denunciar el agravio sufrido. Una multitud risueña y contenta la siguió. La calentura que tenía María Negro no tenía nombre. Más de 100 grados centígrados. Puesta la denuncia ante el Alcalde, María Negro, junto con sus testigos y la gente que no paraban de reír, entre palabrotas, y su ametralladora de palabras que le enredaban la lengua, y la furia que la embargaba, reclamaba compensación a la humillación y castigo a los culpables, que por supuesto, nunca hallaron. Total, que María Negro se acostumbró a llevar con naturalidad su mercancía al mercado montada en su burro, ante los ojos de los choferes y pasajeros de los vehículos que pasaban por la vía principal, que frenaban violentamente, y se paraban a ver asombrados, si de verdad era natural el verde manzana de la bestia.