493. EL CAOS
Aurora Moreno Abad | Yedra

Escucho el inconfundible ruido de las bolsas de plástico crujiendo y el machaqueo de sus tacones por el pasillo. Ella se acerca triunfante con su nuevo botín. Tiene los ojos dilatados por las horas de placer de las compras.
¡Sí, por las malditas compras! Me ha tocado vivir con una compradora compulsiva. Abre mi cuerpo de par en par, sus ojos miran al borde del delirio, intentando acoplar sus objetos de deseo. El amasijo de colores y texturas se derrama como un tsunami. Los cajones se abren vomitando ropa interior sexy con varias tallas menos que de las que le corresponde a esta loca.
Ella solo se alimenta de hamburguesas y pizzas poniéndose tan ancha como un tráiler. Cuentan sus amigas que lo suyo es solo hambre emocional debido a los problemas de dinero.
Mi barra transversal es un puente colgante con peligro de sucumbir por el peso.
Una chupa de cuero con tachuelas discute con una rebeca mordida por las polillas. Un pantalón charla con una falda. La correa de un bolso se enreda con un chaquetón de borrego y un vestido de rosas busca cinco de ellas que se le cayeron. El sombrero viejo y el paraguas piden libertad.
La barra de colgar se columpia arrítmicamente con tantas perchas. Los gorros de lana y los calcetines juegan a esconderse en el tercer cajón.
Todavía hace frio y ya cuelga ropa de verano…
¡Las compradoras compulsivas son muy precavidas!
Las cazuelas de su bikini parecen dos cacerolas secándose en la barra de un bar. Las sandalias romanas, tienen piedras que iluminan el desorden. Un pajarraco negro se cuela por la ventana haciendo su nido en el segundo cajón entre las bufandas.
Ella empuja con rabia las perchas, arañando las paredes de papel forrado de girasoles. La naftalina y el ambientador de limón juntos compiten imponiendo su olor.
Trapos y más trapos golpean mi cuerpo de madera de nogal.
¿Por qué esta desequilibrada no se parece a mi antigua dueña que ordenaba por colores, tamaños y temporadas? ¡Siempre me toca bailar con la más fea!
La escucho hablar por el móvil. Cuenta a una amiga que no tiene más remedio que alquilar un trastero para guardar su ropa, que un puto armario de dos puertas es poco para ella.

Aurora Abad.