1499. EL CARTERO
Miguel Medina Torres | Miguelon

EL CARTERO

Cada vez que le tenía que llevar una carta o un paquete a José, el de las vacas, se hacía a pie como unos tres kilómetros por veredas sinuosas, ya que no había carretera hacia su casa, menos mal que esto ocurría de higos a brevas. Antes los hacía en bicicleta pero tuvo una caída al pasar la rueda de ésta por encima de una piedra y se despeñó ladera abajo, rompiéndose algún que otro hueso. A pesar de esto su trabajo le gustaba. Así pasaba su tranquila vida el querido Matías hasta que José empezó a tener insomnio. Como no sabía qué hacer sin poder dormir en las largas noches de invierno se aficionó a ver la tele-tienda en su televisor. Y un día compraba un cepillo de dientes maravilloso, otro una colonia extraordinaria para quitarse el olor a vaca, u otro pedía unos polvos mágicos para los callos de los pies. Así, Matías tenía que subir todos los días a casa de José a llevarle los artículos, tres kilómetros en cuesta para llegar y los mismos en pendiente para volver. Cuando era verano no le molestaba mucho, pero en pleno invierno y lloviendo a cántaros, o incluso nevando, maldita la gracia que le hacía. Al cartero ya se le estaban inflando las narices porque veía que ya no era un chiquillo y el cuerpo se le estaba resintiendo.
Un día en que José había pedido cosas en exceso y tuvo que subírselas, cargado hasta el cogote con los caminos cubiertos de nieve y, que casi no se distinguían, tropezó con una piedra y cayó de boca sobre una plasta maloliente que, seguramente era un regalito de alguna de las vacas de José. En ese momento Matías explotó y sufrió un ataque de ira. Soltó la bolsa del correo que llevaba y se dirigió corriendo a la casa del vaquero. Sin saber cómo cogió de alguna parte del camino un hacha; llegó a ella y entró directo al comedor; se dirigió hacia la televisión y empezó a darle hachazos, una y otra vez, hasta que la hizo añicos. Ya no podría pedir mas, pensó. Después de hacer aquello se tranquilizó y se fue para su casa.
A los dos días el jefe de Correos le dio a Matías un paquete muy grande y pesado para José. Era una televisión nueva, y de nuevo estaba nevando.
Miguel Medina Torres