EL CASCANUECES
MAIDER URIARTE DOIZ | BEZERRA

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Después de dar a luz me meaba, pero no unas gotitas tontas, nada de eso, parecía una catarata, la alcantarilla después de una DANA y eso cuando no saltaba. Entonces descubrí el Kegel y las bolas chinas, vaya, que me hice experta en suelo pélvico.

Desde hace un año lo entreno cada día, se lo juro, si en el CrossFit tuvieran un box para coños machacaba a todos los presentes, puedo ver la gala de OT entera sin tener que ir al baño, todo un caso de éxito el mío, pero ese no es el tema.

La cosa es que hemos tenido cena de cuadrilla en la sidrería y ¿No sé si usted habrá visto los típicos vídeos esos donde se rompe la nuez con la cabeza? Golpe seco contra la mesa y la rompes: ¡PUM! Una locura, hay gente que ha llegado a abrirse la frente y acabar en urgencias.…

Bueno, pues mientras los machos de mi cuadrilla se dedicaban a reventar nueces con la cabeza, yo, que llevaba unos cuantos litros de sidra encima, he dicho: ¡No tenéis ni idea de nada, yo voy a partirla con el coño!

Me subo a la mesa, me desabrocho el pantalón ante la atenta mirada del resto de comensales, me meto la nuez y mando guardar silencio. Me relajo, cuento hasta cinco y aprieto los músculos del piso pélvico: ¡CLAK! Saco la nuez partida.

Una ovación Doctora, ni se lo imagina, nunca me han aplaudido así y eso que hago teatro amateur.

Total, que seguimos con la fiesta y yo noto como que me pica, ya sabe, lo de abajo y más que picar que me escuece, no sé, algo raro. Entonces mis amigas me han traído a urgencias y les he contado a las enfermeras esto que le estoy contando ahora y me han dado cita urgente con usted, Doctora Lua, ¿No? Disculpe, no me he presentado, encantada, soy Mari.

-Abra las piernas Mari.