208. EL CHANCHITO FEROZ
JUAN MANUEL | KOKO

Caperucita roja caminaba alegre por el bosque, bajo una sinfonía de sonidos, llevaba en un cesto pan recién horneado y queso fresco para su adorada abuelita. Unos ojos la estuvieron acompañando en gran parte de su recorrido. Intempestivamente, apareció el chanchito feroz asustando a la niña, cortando en seco su caminata.
– Hola caperucita, ¿A dónde vas tan alegre?
– Hola señor cochino, voy a visitar a mi abuelita.
– Un momentito, niña. Soy el señor chanchito, ¿qué llevas en el cesto? ¡Huele muy bien!
– Son mis medias, las llevo a lavar porque me cortó el agua el Canal de Isabel II, por no pagar el recibo, señor Sucio.
– ¡Señor Cochino!…, digo chanchito. Tengo una ligera sospecha que no me estás diciendo la verdad. ¿Sabes lo que les pasa a los que mienten?
– ¡Ganan siempre! -contestó la pequeña.
– ¡No!, les crece la nariz como al actor Adrien Brody-dijo el chanchito encolerizado
– Bueno, tiene razón, pero debo seguir mi camino-dijo haciendo un ademán de despedida,
El chanchito feroz la convenció para acompañarla, el bosque era peligroso para una pequeña niña, le hizo hincapié. Ella no dejó de hablar durante el largo recorrido, al punto que el chanchito casi la abandona, pero el aromático olor del cesto lo hacía desistir.
– Sabe señor Lodo, a mi abuelita le encanta cocinar, es una experta cocinera, fíjese que tiene una foto abrazada con Ferrán Adriá. Fue premiada por su famoso plato, para chuparse los dedos.
– ¿Cuál es ese exquisito potaje? Tal vez me puedan invitar para saborearlo – dijo mientras su boca hacía agua.
– ¡Cochinillo asado!. Sabe señor Mugre, cuál es el ingrediente principal.
– Claro, esteee.., essss …. el pescado. A propósito, recordé que dejé la tetera sobre la cocina. Me hago humo, adiós.
– Chau, señor marrano.
Y el chanchito feroz desapareció entre los matorrales, mientras la niña continuó su camino.