868. EL CHAT DE WHATS… ¡AHHH!
M. Montserrat Gabarró Ponce | Mont

Mi madre de 87 años, se llama Ana y vive sola con su aparato de Teleasistencia Municipal.
Ayer tarde compré un móvil nuevo porque me robaron el anterior, después tocó configurarlo durante largas horas, donde sudé sangre de tanto que llegué a estrujar la mollera y tantas lágrimas de sudor resbalaron por mis sienes desde la cabellera, como llorera de bebé rabiosamente hambriento. Llegó el momento de descargar las aplicaciones y, por último, usar mi chat de Whats…Aparentemente, todo normal, hasta que me empiezo a comunicar después de días desérticos cual «Marathon des Sables».
Me llamo Marta y soy enfermera. Estando el sábado por la mañana de visita sorpresa en casa de mi madre, que no suele madrugar, y viéndola dormida, se me ocurrió estrenar mi nuevo móvil.
Así pues, echándole ganas tecleé frenéticamente a mi mejor amiga Susana, a quien llamo cariñosamente Susi.
Yo (escribo):
Hola Susi,
Desde hace días que estoy sin móvil.
Good morning, guapíiiiiisima !!
Y zaasss, le das a enviar sin mirar apenas.
Corrector de móvil:
Hola susto,
Desde hace días que estoy sin moverme.
Gorda morfina, fijo !!
Yo (digo): ¡Ah! ¡Anda! ¡Este maldito Whast tiene guasa!
El móvil (escucha): ¡Ah! Ana está malita llamen a su casa.
Con el ¡Ah! el Teleasistencia, instalado en casa de mi madre, hace una llamada de emergencia a servicios sociales para mayores.
Y el móvil dice, con voz humanoide femenina: «Usted quiso decir…»…
En ese momento descuelgan de la centralita de Teleasistencia, y continúa el móvil diciendo: «… Ana está malita llamen a su casa.»
A todo esto, mi amiga:
Marta, estás bien ?
Qué te ha pasado con la morfina ?
Voy a llamar a urgencias, tranquila, cariño !!
Todo esto pasó en pocos segundos, me pongo nerviosísima e intento escribir a mi amiga rápidamente (saltándome espacios entre palabras):
NoooooSusi
Nooollamesanadie
MorfinaNooo
Y el corrector:
Todo susto
Toda llama arde
Morfina Todo
A esto que alguien entró en el piso, vociferando:
– ¡Ana! ¡Ana! ¡Ana! ¿Está usted bien?
Mi madre, sobresaltada, grita constantemente: -¿Quién anda ahí?-, y sin gafas se levanta de la cama rápidamente y, tras coger su bastón, sale con bastón en mano y a bastonazo limpio de la habitación.
De verdad, todo era tan surrealista, que no pude reaccionar. Segregué cortisol que subió hasta por encima de la estratosfera de mi coronilla. La piel ardiente me supuró un sudor frio, que parecía congelarse al contacto con el aire como chuzos de punta que sobresalen de los tejados en el más crudo invierno de mi pueblo en Teruel, la cara de pasmada, la boca tan abierta como tenor dando el do de pecho y los ojos saliéndoseme de sus orbitas, contemplé la escena, como ancla echada a la mar, de mi madre dándole palos al trabajador social. El pobre hombre no pudo con ella.
Para cuando todo se calmó y llegué a mi casa, no encontré cerradura donde poner la llave. Por allí pasaron los bomberos con urgencias.