1301. EL CIERZO.
Aaron Medina Romero | leinvoi

La casa era pequeña, de madera medio podrida. Las tablas rechinaban con la fuerte ventisca de la calle. En el tejado había una chimenea de la que salía un humo ennegrecido y el manillar de la puerta era de hierro forjado a fuego. La puerta chirriaba cada vez que alguien la abría. La casa se situaba en lo alto de la más alta montaña de la villa. Estaba rodeada por un bosque frondoso de pinos y castaños. Al lado izquierdo de la casucha se encontraba un corral con cerdos y gallinas y una caseta cerrada con llave. Al otro costado de la caseta, un hacha y unos troncos de madera.

Quien viviera allí se estaba preparando para el invierno que estaba por llegar.