1069. EL COLMO DE JORDI
Ainhoa Capdevila Larrarte | PIO

Hay personas que avisan. Gente previsible que se comporta de manera previsible, pero Paloma no pertenecía a este grupo. Un 23 de abril, San Jordi, Paloma decidió que antes de terminar el día abandonaría a su marido. Nada de malos tratos, abusos, ni amantes de por medio. Tampoco es un drama, al fin y al cabo es solo “una más”. Una pareja más de las cientos -o quizá miles- que se rompen a diario, según datos fiables de la UE. Estadísticas aparte, lo peor no es el qué, sino el cómo. Y es que el colmo de los colmos es llamarse Jordi y que tu mujer te deje el día de San Jordi. Quizá a algunos les parecerá cero importante con la que está cayendo, otros pensarán que es mera casualidad, pero lo cierto es que hay que tener mala baba para hacer algo así.
En un mundo con tantas normas y regulaciones, ¿no debería estar también prohibido romper con tu pareja en días tan señalados, y menos sin motivo aparente? De los 365 que tiene el calendario, ¿acaso no podemos dejar tranquilos unos pocos días, aunque sólo sea por respeto a las tradiciones y festividades populares. Todo el mundo sabe que San Jordi es mucho San Jordi, solo a la altura de una corta lista del santoral liderada por el archifamoso día de San Valentín. San Jordi llega cada año con su festividad, su feria multitudinaria de autores que firman alegres sus últimas obras, y lo mejor de todo: esa bonita tradición de regalar libros y rosas que a todo el mundo enamora. Y fue precisamente esto último -los libros y las rosas- el motivo principal de la decisión de Paloma. Pero, ¿qué podría haber pasado como para que “Jordi en San Jordi” bebiera un trago tan amargo? Nadie dejaría sin motivo aparente una relación de 10 años, una década tirada por el retrete. A medianoche Paloma esperaba sola en la estación de Sants con una maleta grande y Jordi releía la breve nota que esta le había dejado: “Adiós Jordi. Quiero rosas y libros”.
La cosa es más grave de lo que parece. Paloma no había recibido una sola rosa ni un triste libro en los Díez San Jordis que llevaban juntos. Hasta dónde puede llegar un marido -que encima se llama Jordi- incapaz de regalar un libro o una rosa el día de San Jordi a su mujer. Es inadmisible, incomprensible y una lista larga de palabras que empiezan por “in”.
– …Pero cariño, ¿es tan importante? No sé, en 10 años jamás te he visto leer un libro, una revista, ni siquiera una de esas del corazón… pensé que simplemente no te gustaba leer, dijo él.
-Qué más da que yo lea o no, lo importante es el detalle. Al menos, ¡podrías haberme regalado una rosa!, dijo Paloma.
-Pensé que eras alérgica a todas las flores.
– Y lo soy, pero al menos podrías haberme regalado una rosa artificial, hay algunas que parecen de verdad.