1082. EL CONDE
Mildred Rocio Niño Amaya | Mil

—Albertoooooooo! —gritó tan alto el señor Bastidas en medio del gran salón, que lo oyeron hasta el final de la calle Prado.
Alberto, creyó oír su nombre a lo lejos. Se quitó un audífono y entonces volvió a escuchar al señor Bastidas gritar su nombre. Corrió a toda prisa.
—Dígame, señor Bastidas.
—Llevo llamándolo media hora, Alberto —exageró el señor Bastidas, como lo hacía siempre que estaba de mal humor.
—Dis, disculpe, no lo había oído. Estaba en la entrada limpiando el cartel “Prohibido mascotas”.
—Me he enterado ayer, que un tal conde Damián estará por una noche aquí en Madrid. Parece ser que es muy famoso, tiene más de un millón de seguidores en Instagram. El asunto es que ha elegido a Lamucca como restaurante para visitar. Y yo lo quiero en mi restaurante —dijo el señor Bastidas, mientras doblaba una servilleta.
—Es cierto, yo lo sigo, es muy famoso —estaba diciendo Alberto, cuando fue interrumpido por el señor Bastidas.
—No me interesa usted a quién siga o no. Lo que quiero es que logre que el conde cene aquí y no en Lamucca. No sé qué tienen ellos que nosotros no.
—Ellos son pet friendly.
—Podrán ser pet friendly, extraterrestres friendly, lo que sean. Lo quiero aquí. Además averigüe cuál es su plato favorito. Muévase Alberto, necesito esa información ya.
Veinte minutos después Alberto golpeaba en la puerta de la oficina del señor Bastidas.
—Señor Bastidas, lo logré. El conde estará esta noche aquí. Él prefiere para su cena una mezcla de hígado con algo de sopa y un huevo cocido.
—¡Qué gustos tan excéntricos los de los ricos! —dijo el señor Bastidas mientras se pasaba el dedo meñique por una ceja.
—Lo que pasa es que el conde es un…
Alberto no pudo terminar la frase, pues de nuevo fue interrumpido por el señor Bastidas.
—No me interesan sus opiniones Alberto, retírese. Vaya informe el menú al chef y quiero el mejor vino que tengamos disponible para el conde.
—Es que no creo que el conde tome vino —dijo Alberto.
—Todos los que pertenecen a la nobleza gustan del vino. Usted qué va a saber de eso —respondió el señor Bastidas, haciendo un ademán con la mano para que Alberto saliera.
—Yo creo que al conde lo haría feliz unas galletas de maní, en su cuenta de Instagram dice que son sus favoritas.
—No lo quiero escuchar más, Alberto. Vaya haga lo que le dije.
A las ocho de la noche entraba el conde Damián al restaurante. El señor Bastidas se apresuró a ir a saludarlo.
—Albertoooo ¿Qué significa esto? ¿Dónde está el conde? – gruñó el señor Bastidas, al tiempo que agarraba al perro con el collar que decía “CONDE DAMIAN”.
—¡No lo agarre de ahí! —alcanzó a gritar Alberto en el preciso momento en que el perro mordía al señor Bastidas.
Videos de la penosa situación fueron grabados y subidos a las redes sociales, el restaurante del señor Bastidas fue sacrificado.