532. EL CORRECTOR INCORREGIBLE
Luciano Montero Viejo | COMETA AZUL

Mi mujer se llama Bibi, y siempre se está quejando de mi deformación profesional. Soy corrector de textos, y de los mejores. ¿Qué le voy a hacer? Bibi no soporta que siempre vaya recogiendo todos los papeles del suelo y encima los lea de principio a fin. O de fin a principio, porque además tengo la manía de empezarlos por el final. Y que, atento sólo a la ortografía y al estilo, ni siquiera me entere del contenido de lo que leo.
Hoy mismo, al volver de la editorial, he encontrado en el portal de casa esta nota manuscrita que alguien ha perdido. Es evidentemente una nota confidencial, pero ¿en qué dirán ustedes que me fijo yo? Pues en la “k” de ese “te kiero” de despedida, escrito así, con “k”, estilo bakala, o perroflauta, o qué se yo. La gente escribe que da pena. O en ese “Dale ya puerta a tu maromo y píratelas conmigo”, que no puede ser más barriobajero. ¿Qué va a ser de nuestro idioma?
Y sobre todo vean este desastroso encabezamiento: “Querida Viviana”. ¡Con dos uves, por favor, qué disparate, cuando es bien sabido que se escribe con dos bes! ¿Adónde vamos a llegar?