946. EL COSTO HUNDIDO DEL DESTINO
Ana Mora del Campo | Ana Mora

“¡No tengo dinero para tener suerte!» exclamó Ana mientras observaba el precio de aquella vela de la fortuna que prometía: aceite de girasol para montar una churrería, el depósito de gasolina de Daddy Yankee, mutación eterna a luciérnaga luminiscente por solo 0,01 € el MWh (IVA no incluido), salud y amor, en ese orden. Por unos minutos, fantaseó con la idea y esbozó una sonrisa de anamorada que ni la mismísima Evaluna en un videoclip de Camilo.

Bea y Vic, las otras dos integrantes del club de “las tiesas”, la miraron ananodadas, los productos de aquella tienda ecológica, lógicamente, no se ajustaban a su presupuesto. Por supuesto, Ana estuvo analizando detenidamente los pros y los contras de adquirir ese ser de luz que le cambiaría la vida.

Dio 352 vueltas por los pasillos y se prometió: comenzar a reciclar en el contenedor marrón y en el gris, plantar un árbol, utilizar la copa menstrual y no volver a usar y tirar cubiertos de plástico en sus cumpleaños.
La decisión estaba tomada, ahora solo quedaba ahorrar para conseguirla.
Sin lugar a dudas, pero sí a deudas, sería complicado.

Al salir del establecimiento, se despidió con un “chao” de sus amigas, no quería gastar ni oxitocina en repartir cariño. Miró el calendario del móvil, quedaban 26 días para llegar a fin de mes; por un momento hiperventiló, luego recordó que no le sobraban cuartos para pagar analgésicos contra la ansiedad y se le pasó.

Desde ese mismo instante, comenzaron Los Juegos del Hambre.
A lo largo de esas semanas, se alimentó exclusivamente a base de pasta al nulla (nada por aquí, nada por allí), llegó a mimetizarse tanto con la cultura italiana que hasta chapurreaba el idioma.
Estuvo leyendo a cerca de los múltiples beneficios de ducharse con agua fría.
Descubrió que era mucho más cómodo andar 2 h y 25 min hasta el trabajo que intercalar 3 líneas de metro y 2 autobuses para llegar a Las Tablas.
Dio de baja su suscripción en Netflix y en Tinder Premium, entendió que el amor verdadero solo nace en las películas de Antena 3 y ya tendría tiempo de verlo cuando pudiera encender la televisión…

Jueves, 31 de marzo, después de muchos sobresaltos…
¡Ana lo había logrado, tenía el dinero para comprarla! Aún anastasiada bajo los efectos de la epidemia de los tiesos, corrió hasta el local, allí estaba la última vela esperándole.

Cuando llegó a casa, empezó a buscar un mechero como loca y se distrajo cuando le llegó un mensaje de Vic Tiesa: “tías, ¡¡estoy flipando!!, ¿estáis viendo las noticias?”. Inmediatamente, encendió la televisión, después de casi un mes, y: “Para decretar un nuevo Estado de Alarma durante los próximos 15 años”.

La churrería, el Camino de Santiago en coche y la macro fiesta de la luciérnaga ahora eran una anacronía en su realidad.

Prendió la vela y acercó su nariz al fuego anaranjado que desprendía, al menos sabía que contaría con su compañía, de momento…