596. EL CURA
Juan Luis Lorenzo Gonzalez | JUANLU LORENZO

Soy de un pequeño pueblo de la España vaciada. Y como allí hace tanto frío y no hay mucha diversión, los adolescentes nos reuníamos en el bar de un amigo, a ver películas de videoclub, primero una de acción, de Van Damme, o Brucce Lii, y luego la porno. Eran los años 80, no había acceso al porno como ahora, imaginaros, que nuestros padres, si querían ver una teta, tenían que ir a los cines de Francia a ver Enmanuelle o encender una luz a traición cuando lo hacían con nuestras madres. No aguantábamos ni diez minutos viendo la película, al ratito de empezar, salíamos corriendo para casa y a pesar de las bajas temperaturas, llegábamos con un calentón de tres pares de cojones.
Eso sí, el sábado a confesarnos para poder comulgar el domingo. Ahí fue, donde se dio cuenta el cura, del aumento de la curva de masturbación juvenil; convirtiéndose en el doctor Simón de la época, llevando la estadística de esta nueva moda. El cura dio parte al obispado , y el obispo le preguntó si tendría que preocuparse. El cura le dijo : no , serán sólo, uno o dos casos, como mucho. Nada más lejos de la realidad.
El obispo, para mantener el brote localizado, aconsejó al cura infiltrase en el bar del vicio los viernes por la noche, y allí se presentó el cura a tomarse un café con leche a la finalización de Van Damme y el comienzo de la porno. Y ya nunca faltó a su cita semanal con el café con leche.
El alcalde quiso cerrar el bar, incluso confinarnos en casa 14 días, menos mal que no lo hizo, años después se demostró que el confinamiento y el cierre del ocio nocturno, no era la solución.
En verano, que se ve menos la tele, bajó la curva por si sola, a esto se denominó , la nueva normalidad.
Hasta que en 1989 hubo de golpe una segunda ola, coincidiendo con la inauguración de canal + y sus películas codificadas.
Un día el cura predicando dijo, que la masturbación producía ceguera, ya os digo yo que eso es mentira, como mucho, gafas. Y con esta estigmatización del cura, cuando me pusieron gafas con 14 años, parecía que todo el mundo me miraba, yo les decía, es solo una dioptría en cada ojo, pensarían , éste, una pajilla de vez en cuando.
Aún así, mis padres me llevaron al psicólogo, creyendo que era un obseso. Terminamos yendo al psicólogo todos los niños del pueblo y como éste practicaba la psicología inversa , lo que hacía era ponernos más porno, y al no caber en la consulta, terminamos viendo porno, en el cine del pueblo, en butaca y con palomitas. Enseguida perdió la gracia, y el psicólogo nos dió el alta. Y empezamos a ver cosas de nuestra edad, como Mazinger Z . Cuando salio Afrodita disparando las tetas como misiles, pensé, otra vez al psicólogo.