El depravado de Malasaña
José Luis López Sánchez | PEP

5/5 - (1 voto)

Caro estaba realmente guapa, más de lo que Fer esperaba viendo las fotos de su perfil en las últimas dos semanas. Llevaba un vestido azul celeste que le quedaba algo ancho; tenía un aspecto inocente y puro, tal como se había imaginado. Estaba realmente arrebatadora. Le sonrió al verle. No parecía enfadada por haberle hecho esperar.



Era la primera cita y ella estaba nerviosa. Era nueva en la ciudad, en el país y en las apps de citas. Él no lo estaba tanto, pero sí que estaba muy indeciso en cuanto al plan que como “anfitrión” le ofrecería a su cita. No quería que fuera simplemente ir a tomar café, quería algo diferente, poder sorprenderla, aunque no sabía cómo.



– ¡Caro!, ¡¿verdad?!

– Sí, Hola, Fer, encantada.



Dos besos de rigor, tímidas preguntas intrascendentes y un torpe vagar sin rumbo por el barrio de Malasaña sin decidirse a entrar en algún lugar concreto. Fue entonces cuando pasaron junto a Microteatro por Dinero. A Fer le pareció una idea genial descubrirle a Caro esa experiencia tan inusual y compró un par de entradas para la representación más inminente.



Entraron a una sala que resultaba muy peculiar. Se suponía que debía ser una obra cómica de enredo familiar. Sin embargo, se encontraron en una habitación en tonos rosados, con un colchón en el medio y cuadros con imágenes pornográficas.



Caro estaba, cuando menos, sorprendida. No decía nada. Se sentaron y siguieron hablando de cosas triviales. Entonces comenzó el show. Apareció una chica muy joven, con el pelo plateado y vestida con ropa juvenil de aspecto futurista; parecía una escolar al regresar a casa. Interpretaba un papel en el que se encontraban en un futuro distópico en el que desarrollan su sexualidad con una especie de videojuego con niveles de atrevimiento progresivo. Fer solo pensó en lo mucho que innovaban en ese sitio y no le dio más importancia: “ya verás como te gusta” le dijo a Caro.



En la sala había otros espectadores rodeando la cama que pronto apreciaron la intranquilidad de Fer y Caro. La actriz recibió la videollamada de una amiga que se proyectó en la pared. La amiga le animó a jugar al mencionado juego y fue entonces cuando la cita acabó en desastre.



La interpretación de la actriz consistió en desnudarse, realizar una felación a un objeto con forma fálica y después introducirse por la vagina otros objetos; todo muy visual y a poco más de un metro de distancia de ellos. Entre tanto, videos pornográficos se proyectaban en la pared con jadeos de placer sonando a todo volumen.



Fer se moría de vergüenza. Cayó al fin en la cuenta de que habían entrado por error a la “sesión golfa”. No pudo explicarse. De repente, ante el asombro de todos, Caro se levantó al grito de “¡Guarro!”, le dio una bofetada y salió apresurada del local . Metaficción, un espectáculo dentro del espectáculo. Fer quedó frustrado, abofeteado y bloqueado. Lamentó pensar en que él para Caro por siempre sería : «El depravado de Malasaña».