840. EL DESAHUCIO
José Ignacio López Hernández | Dieter Strauch

Desde que tengo memoria he vivido aquí, no he conocido otro hogar. No entiendo por qué debería
dejarlo justamente ahora, sin dientes y sin poder andar, ahora que ya me había hecho uno con la
casa: estas paredes han crecido conmigo, cada rincón tiene mi forma, aquí es donde he sido feliz.
Sin ningún motivo claro, sin que me hayan preguntado, otros han decidido que es el momento de
vaciarla, no sé si para recibir a un nuevo huésped o para dejarla llenarse de nostalgia y olvido. ¿Tan
mal inquilino he sido? ¿Tanto he exigido? Nunca he protestado por la humedad, no recuerdo haber
hecho ruido. He tenido todo el espacio para mi, pero no me habría importado compartirlo si así se
me hubiera pedido. No, no puedo entender este desahucio, no puedo tolerar que me saquen de aquí,
no puedo valerme por mí mismo y no sabría qué hacer, no es justo. Por eso me rebelo, intento
ponerlo difícil, me muevo y me retuerzo, me escabullo, me agarro a mis pocas pertenencias para no
dejar que las conviertan en recuerdos. Os lo advierto: no quiero salir del útero, éste no va a ser un
parto fácil.