El destino
María de los Ángeles Linares Hoppe | Angélika

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Tu presencia en mi vida fue un cúmulo de casualidades, perdí el avión, me alojaron en otro y tu asiento estaba a mi lado. Ambos teníamos la misma mochila, del mismo tamaño y color. El destino se encargó del resto…

Bajé del avión con la seguridad de que llegaba tarde y la prisa de quien cree que puede evitarlo todavía. Tomé el primer taxi hacia la convención de médicos sin escuchar la llamada de atención que tratabas de hacerme llegar. Como era de esperar la conferencia había empezado, pero me permitieron entrar en la sala como un acto de misericordia.

Perdí parte de la exposición, mas no resultó un completo desastre, la ponente principal era una eminencia en el campo de la cirugía cardíaca y tenía el gusto de conocerla en persona. Una mujer excepcional.

Tras las primeras intervenciones, fuimos al hotel donde teníamos reservadas las habitaciones y comimos juntas. La tarde era nuestra y me invitó a cenar a un restaurante espectacular donde nos acompañaría su hermano, al que aún no conocía personalmente. Fue al abrir la mochila para sacar mis pertenencias que me di cuenta de que las habíamos intercambiado. Mi consternación no duró mucho pues la cita era inminente, así que no pude maquillarme para la ocasión y prescindí de un peinado sofisticado, dejando al aire mi melena.

Entré en el restaurante donde me condujeron a una mesa para tres, de frente se encontraba mi amiga, de espaldas su hermano. Al sentarme junto a ella miré hacia delante y mi corazón se paralizó, las palabras se atascaron en mi garganta y un temblor inaudito sacudió mi cuerpo. Sonrió al verme y me ofreció una disculpa .

—Siento mucho haberme llevado su bolsa por error, traté de avisarla, pero no me escuchó.



Mis labios resecos no podían articular sonidos coherentes y en aquella primera cita improvisada quedé como una auténtica idiota.