882. EL DÍA QUE ENCONTRÉ UN ENANO VERDE
Concha Mora Olmedo | Nife

Aquel día desperté cuando el sol ya estaba alto. Fui al bosque y busqué un enano verde. Mis primeras pesquisas fueron infructuosas y volví a mi casa con las manos y el morral vacíos. Pero no desistí y al día siguiente decidí ir por la noche. Los enanos verdes suelen salir a tomar la luna por la noche y, a veces, se los ve danzar en torno a una gran hoguera. Como está prohibido cazar enanos verdes tuve que andar con gran sigilo y no encender las luces del coche.

Llegué al bosque y nada más adentrarme entre la maleza lo vi. Era un enano verde con unas orejas picudas, una sonrisa en la boca y unas cejas también puntiagudas. Le eché la mano encima y lo metí en el morral. Él no parecía estar muy conforme, a tenor de las patadas y los codazos que me llevé y los insultos que profería por su boca de enano verde.

Al día siguiente lo presenté a mis amigos. Tuve que ponerle un collar al que até una correa porque él no parecía estar de acuerdo con venir conmigo.

Mis amigos le hicieron contar chistes y se rieron sobremanera con Bonifacio, que así se llama el enano. Ahora sale en la televisión y es youtuber y gana sus buenos millones y ya no se acuerda de que fui yo quien le sacó del bosque.