198. EL DIETISTA
María Castillo Torralbo | La Pava

Yo no tenía ningún interés en dietas. En el dietista, demasiada. Allí que me plantaba yo todos los lunes a pesarme. Me mantenía siempre en mi peso, 59 kg más 1 kg de las bragas empapadas. ¡Ay es que era tan guapo! Sin duda, el mejor plan de la semana. Daba igual los cincuenta euros ganados con el sudor de mi frente que se tragaba el «buenorro». Lo importante era lo importante.
Después de tres semanas de pura relación profesional, un día tras acabar la sesión me envalentoné y le saqué el tema de restaurantes saludables, que si tal que si Pascual… Él me recomendó unos cuantos por el barrio de Malasaña.

—Ay gracias. Bueno a ver si encuentro a alguien para que venga conmigo ¡ja,ja! Bueno… La verdad es que… Si quisieras venir tú. ¿Quién mejor para enseñarme los platos más ricos y saludables?— Dije yo mientras notaba que mi cara se volvía igual que un tomate.
—Sí claro, me parece buen plan. Así podremos charlar más tranquilamente. Toma mi tarjeta, escríbeme y quedamos.
—Vale… —afirmé yo no siendo capaz de decir nada más tras ver como esa tarjeta venía de sus manos a las mías.
Él empezó a recoger todos los artilugios y al fin pude decir algo.
—Bueno ¿y cuándo te vendría bien quedar? —pregunté.
—Pues escríbeme y ya te confirmo porque no se si vendrá mi chico este finde a verme. ¿Vale?
SU CHICO… ¡A la mierda las dietas!. Me hago Tinder que es gratis. ¿Algo me comeré ahí no creéis?