El director novel
Jose María Ojeda Rey | Che Ojeda

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La noche está siendo fantástica. Enrique y los demás altos integrantes de su película se encuentran pletóricos recibiendo halagos y felicitaciones por el trabajo que han llevado a cabo. Su primer filme es el que tiene todas las papeletas para llevarse el Goya a la mejor película del año. Al llegar al lugar de la ceremonia, las cámaras se vuelven hacia Enrique para captar al joven y novel gran talento en el mundo de la dirección cinematográfica. Él, con su reluciente esmoquin, se dirige hacia la entrevista que tiene concertada con los reporteros de RTVE. Entre gracias y posibles predicciones, los periodistas le ofrecen unos espárragos cortesía de los patrocinadores del evento.



—No soy muy fan de los espárragos, la verdad.

—¡Pero pruébalos aunque sea! Por no hacer el feo a los jefes.



Muy a su pesar, Enrique no tiene más remedio que comerse uno de los dichosos brotes. Logrando así su billete de huida hacia el interior de la gala.

La ceremonia transcurre con total normalidad entre premios, risas y actuaciones. Cerca del momento álgido de la noche, Enrique habla con Adela, su directora de producción y mano derecha.



—Necesito ir al baño. —Admite él sin más contemplaciones.

—¿No puedes esperarte? Ya no queda mucho para los gordos.

—Lo sé, pero los espárragos esos me han destrozado el estómago.

—Joder, venga, date brío. —Apresura Adela.



El joven director se levanta y va a paso ligero ante las miradas de compañeros del sector de camino al cuarto de baño. Al llegar, se alegra de la gran calma que reside en ese espacio. Está completamente solo, así que podrá disfrutarlo. Entra en uno de los cubículos para proceder, no sin antes fijarse en una serie de polvitos blancos sobre la parte superior de la cisterna. Sin darle mayor importancia, cierra la puerta con pestillo y sigue con lo suyo.

Enrique ha tardado más de lo previsto debido a la terrible convulsión que tenía en su estómago, sin embargo ya se siente mucho mejor. El gran percance llega cuando al intentar salir del cubículo, el pestillo no cede. La puerta no se abre. Intenta tirar de él con todas las fuerzas que le permiten ejercer sus manos, pero no hay manera.



—¿Hola? ¿Hay alguien por ahí?



A lo lejos, el rumor de grandes aplausos. Busca su móvil, pero parece que se lo ha dejado en la mesa junto con los demás. Pasan así los minutos en los que prevé que se están entregando los últimos premios. Guion original, actor y actriz protagonista… Los siguientes le competen a él personalmente. Se encuentra desesperado. De repente el sonido de una multitud de zapatos se acerca apresuradamente.



—¿Henry, estás ahí?

—¡Sí, Adela! ¡Me he quedado encerrado!



Entre el grupo que trae Adela fuerzan la puerta a golpes hasta finalmente conseguir abrirla. Enrique, por detrás, se lleva un golpe inesperado contra ésta que le hace caer junto al inodoro. Al asomarse encuentran al director cubierto del polvo blanco por gran parte de su esmoquin.