107. EL EMPERADOR DE LOS HELADOS
Alejandro Morellón Mariano | Gepetto

El típico día en el que parece que te despiertas y no hay nadie más en el mundo que tú mismo. El resto de la población se ha evaporado, volatilizado. En esa hora extraña en la que te sientes más solo que nunca aunque agradeces esa soledad que te reconcilia con lo mejor de ti. La hora del regocijo. No tener que rendir cuentas a nadie. Un tiempo incalculablemente precioso en el que se te permite hacer todo lo que tengas ganas de hacer sin tener que medir el alcance de tus acciones ni sus consecuencias ni el porcentaje de aprobación de tus padres, que tampoco están, ni de tu hermana, que ha dejado, eso sí, pelos en la ducha antes de que la nada la convirtiera en nada. Lo primero que haces es salir a la calle, a todo un mundo de posibilidades abierto frente a ti (helados gratis, tiendas eróticas, armerías, grandes almacenes). Pasas por un concesionario de lujo y, maravillado por los adelantos de la ingeniería automovilística te decantas por el coche más caro. Ahora es tuyo. Conoces el verdadero significado de la euforia conduciendo a 200 kilómetros por hora mientras bebes cerveza y comes doritos, hasta que llegas a tu antigua oficina, al despacho de tu jefe, y sacas el peluquín que tiene guardado en el tercer cajón del escritorio, juegas con él hasta que decides meterlo en el microondas de la cocina y esperas a ver cómo se incinera.
Pero claro, al cabo de dos días, cuando se te pasan los efectos de la droga, empiezas a ser consciente de que en realidad no tiene mucho sentido que no haya nadie en el mundo excepto tú, y cuando te quieres dar cuenta tienes dos helicópteros y cinco coches patrulla persiguiéndote por la interestatal que terminan por rodearte y reducirte. Te llevan a comisaría y te informan de que acumulas varios delitos graves y por lo menos una treintena de denuncias: de tus vecinos, del parque zoológico, del museo de arte moderno, de la tienda de disfraces, de la armería, de los grandes almacenes, del pizza hut, de la farmacia, de la famosa y galardonada tienda de helados Gepeto’s: el emperador de los helados, de la gasolinera, de la pista de hielo, del restaurante japonés, del estadio de fútbol de tu equipo, de decisiete viviendas particulares, del bingo al que van tus padres, de la piscina municipal donde tu hermana da clases de natación para personas con Síndrome de Down, de un laboratorio de inseminación artificial, de un hospital geríatrico, de cinco bares, de dos restaurantes italianos, de un sala multicines, de una empresa de autos de choque, de la tienda de Lego, del Museo de Ciencias Naturales, de los baños árabes… Los mismos agentes que te leen los derechos te prometen muchísimo tiempo entre rejas pero tú no te enfadas porque, qué demonios, ha sido el mejor día de tu vida.