El encuentro
Augusto Guzmán Sil | Verano azul

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Paseaban una Coincidencia y un pequeño Suceso por un bosque vaporoso cuando se encontraron con la Razón, que tenía el pelo blanco y la frente llena de dudas a las que buscaba un porqué. De pronto, cuando se acercaron, la Razón se transformó en Adivinanza.

El pequeño Suceso, como sello del destino que es, le dijo que no creía en sus acertijos.

– ¿Por qué me encuentro aquí y ahora junto a una adivinanza? – se preguntó el Suceso.

La Coincidencia se giró y respondió:

-Si estás aquí es porque yo te he traído para que entiendas que el destino es algo que deberíamos tener la oportunidad de adivinar.

Entonces la Adivinanza se volvió a transformar en Razón y dijo:

-Es coincidencia que tú, pequeño Suceso, te hayas encontrado hoy conmigo. Y también es un mágico suceso que tú, Coincidencia, estuvieses aquí.

Y de repente, el mochuelo de Atenea ululó…