401. EL ESPEJO
María Luisa Santana García | Jara Moreno

EL ESPEJO
Casi era la hora de la fiesta y no se decidía por un disfraz. Entre todos los que le habían prestado, no sabía cual ponerse. No se veía de conejito con aquellas enormes orejas, ni tampoco de mariquita, con el que tendría que ponerse unas medias rojas, ni de oso, demasiado gordo el tejido, pasaría mucho calor, este se lo había dejado su amigo Aitor Menta, pero había uno que sí podría llevar a esa estúpida fiesta, el de esqueleto. Todos ellos yacían sobre la cama. Había llegado la hora, ya estarían todos sus amigos allí, tenía que elegir uno de los disfraces, el de esqueleto podría ser el candidato así que, lo miró y lo miró y, al final, decidió ponérselo. Una vez que estuvo dentro del disfraz, no se sentía tan mal, incluso pensó que podría ser divertido que los demás no lo conocieran, llevar la cara tapada con aquel esqueleto cutre, era un poco agoviante, pero lo podría soportar. Ya estaba listo para irse, allí lo esperaba su nueva amiga, estaba impaciente por reunirse con ella.
Al pasar delante del espejo y verse reflejado, lanzó un despavorido grito de terror y, de la impresión, cayó fulminante al suelo.
JARA MORENO