334. EL EXCUSADO
Nuria Hernández García | Reina aborigen

En mi primera no cita con Vanessa no pude ir, por diarrea galopante, por los nervios, los de mi pareja al enterarse. Pero ella sí vino a verme, me encontró fácil, corriendo por el barrio tratando de abrocharme el cinturón, ¡que no le dejan a uno mirar tranquilo el móvil en el excusado! Uff.
Fue bonito. Se iluminaron sus ojos.
— Germán, ¡eres tú!
— Si, mi amor, corría a tu encuentro.
— Pero fue hace tres semanas, desgraciado.
Y otra vez a correr en sentido contrario. Espero que mi pareja deje el antojo y no me vuelva a pedir tarta de queso cinco minutos antes de que cierre la tienda, que por cierto está a diez minutos de casa, en coche. Sabe que haré cualquier cosa por demostrarle mi amor… y que no conduzco. ¡Qué extraña manía le ha entrado!. No creo yo que aún le dure el enfado por mi intento de conocer a Vanessa… Que, por cierto, llevaba un bolso monísimo que todavía me duele recordar…»oh, mi espalda»… En fin, no hay quien las entienda.