El fantasma que me persigue.
Alberto Carrera Montero | Albercarmont

3.5/5 - (4 votos)

Le he dicho al taxista que me espere en la entrada, que no van a ser más de cinco minutos. Tras varios meses, hoy me ha bajado la regla así que si me notas un poco más alterada que de costumbre que sepas que se debe a eso. Bueno, a eso y también a los nervios, a quién pretendo engañar. No he pegado ojo en toda la noche. 

Debo decirte que aún no me siento preparada para empezar a vernos todos los días. Ni siquiera sé si debería estar aquí. Te agradezco enormemente que me hayas recibido con los brazos abiertos, no sabes lo mucho que significa para mí, sobre todo después de llevar tanto tiempo sin hablar con nadie. Creo que me he convertido en una nómada. No salgo de casa más que para dejar la bolsa de la basura en el vestíbulo, que luego Juan se encarga de llevar afuera y echar en el cubo. Desde que se enteró de mi situación no ha dejado de preocuparse por mí; todas las semanas me trae los medicamentos que necesito de la farmacia y me envía la compra por el ascensor cuando llega el repartidor. No le gusta aceptar mis propinas, así que de vez en cuando aprovecho para introducirme sigilosamente en su oficina y dejarle algo en el cajón de su escritorio. Acaba de tener un hijo y toda ayuda es más que bienvenida. Tú lo sabes mejor que yo. 

He pensado que te gustaría verme en un color alegre, así que me he puesto este vestido azul cielo para ti, aunque hoy esté más gris que nunca. Sé que lo de maquillarme no es mi punto fuerte pero he hecho el esfuerzo para sacar a relucir estas pestañas tan bonitas que, de mi madre, orgullosa heredo. De hecho, al salir del ascensor, Juan me ha preguntado que a dónde iba tan arreglada, que si no sería porque tenía una cita. Y le he dicho que sí. Que tenía la cita más importante de mi vida. Esa que lleva años esperándome y que yo llevo muchos más evitando. Esa que siempre he querido tener, pero que hasta ahora no he tenido el valor para afrontarla.

Nunca es tarde para arrepentirse, como no lo es para una primera vez. Al menos eso era lo que tú decías, mamá.



Los días son eternos desde que te fuiste.