EL FINDE HA PASADO COMO DOS PARPADEOS
Catuxa Negreira Cousillas | Catu Cousi

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De media, los humanos parpadeamos 15 veces por minuto. Eso significa que, cada 4 segundos hay una oleada de personas que cierran los ojos al mismo tiempo durante una décima de segundo —eso dura el parpadeo en sí mismo—; y esto ocurre cada décima de segundo.



Sin embargo, Dani sólo parpadeaba una vez al día. Exactamente, su parpadeo se producía a las 16:43:54:07. Esto no había sido siempre así. El cambio se produjo cuando le salió el primer pelo en el pezón izquierdo. De manera paulatina, sus parpadeos pasaron a producirse cada 6 segundos, 12, 24, 48… y así hasta llegar a las 24 horas exactas. Entonces la metamorfosis cesó.



Puede parecer una tontería, pero este hecho hace que no te pierdas detalles tan nimios como un bostezo, una mirada fugaz, o la persecución de ojos que se quieren encontrar y a la vez no ser encontrados. Tampoco te pierdes ciertos reflejos posturales de incomodidad, sorpresa o satisfacción.



Dani consiguió, gracias a este “don”, un trabajo de lo más peculiar. Trabajaba como analista de datos en juicios especializado en captar mentiras durante los interrogatorios. Además de ese trabajo que ocupaba los días laborales, tenía como hobby generar infografías a partir de datos que recopilaba durante sus paseos vespertinos de 43 minutos a la orilla del río.



El sábado decidió crear una infografía sobre las diferentes posturas de brazos que se encontraba. Diferenció entre llevar los brazos en estado de reposo, aquellos que pasaban de reposo a alerta cuando alguien se situaba a menos de 20 metros y las posturas de alerta continua. Añadió como variable el color de ojos: marrón, verde, azul y negro.



Al finalizar la recopilación de datos, volvió a casa y se dispuso a generar la infografía en su cuaderno de papel reciclado de 30x30cm.



Al día siguiente, se disponía a realizar su rutina como cada domingo cuando, de pronto, notó una cierta incomodidad. Decidió sentarse en el borde de la cama y autoanalizarse.



Cerebro: correcto

Corazón: correcto

Manos: correcto

Pies: correcto

Ropa en base a la temperatura exterior: correcto

Libreta y boli: correcto



¿Entonces? ¿Qué estaba fallando? Tras unos insufribles segundos, al fin se dio cuenta. ¡Los ojos! ¡Le picaban! Pero… ¿cómo era eso posible?



Se dispuso a analizar el color de su globo ocular, las sensaciones que lo envolvían, sus sentimientos con respecto a este nuevo suceso y otros muchos factores. El veredicto final fue que necesitaba parpadear. Se preparó mentalmente para romper su rutina y, tras un esfuerzo sobrehumano para él, lo logró.



El problema vino cuando, a los 4 segundos y de manera involuntaria, llegó un nuevo parpadeo. 4 segundos después, otro. Lo que iba a ser un domingo más, se convirtió en una situación caótica al darse cuenta de que había perdido su don, aunque se sentía feliz por volver a ser “normal”, pero no sabía qué iba a ocurrir con su carrera, y todo esto mientras disfrutada de haber echado esa sensación de picor.