1213. EL GATO QUE CONSIGUIÓ ENGAÑARME
M.Carmen Sánchez y Sánchez-Aparicio | MAY

EL GATO QUE CONSIGUIÓ ENGAÑARME
No lo entiendo. Cada día me cuesta más desnudarme ante Pedro. La lujuria de sus ojos me pone nerviosa. Un día, todavía de novios, le pregunté quién le gustaría ser si volviera a nacer, pensando que iba a decir un Beatle, un millonario, un rey, o incluso Jesucristo o Atila y yo, me lo hubiese creído; pero no, levantó las cejas, entrecerró los ojos, torció la boca,se sujetó la barbilla con la mano y exclamó ¡UN GATO! Mi cabeza se quedó encajada en un congelador, no reaccionaba y ante la expresión de mi cara, se acercó a mí y me explicó, sí, no pongas esa cara, querría ser un gato porque desde pequeño me llama la atención que los gatos se pasan la vida sin pegar ni clavo, ¡el muy cretino! Y ante un futuro tan prometedor le abandoné.
A los dos años nos encontramos en un restaurante de Hermosilla, había engordado pero seguía tan atractivo. Buscaba como siempre trabajo que le interesará. Tras unos minutos de charla y como despedida le pregunté, sonriente, si seguía con la idea de ser un gato, me miró con los mismos ojos de antaño, se rió y mi sospecha se confirmó, su boca lanzó un SI rotundo e inocente. Desalentada, dos besos y salí del restaurante con el convencimiento de que siempre sería un niño.
Y tres años después, al llegar a mi portal, un gato desesperado vino hacia mi maullando. Me miró y comprendí que me necesitaba. Le subí a casa solo para darle algo de comer, pero ya no salió.
Le llamo Pedro por aquel novio. Y cuando me voy a trabajar y él se queda tirado en el sofá, me mira burlón y se hace un ocho. No sé, pero tengo la impresión de que al final Pedro lo consiguió. Por eso, si observó que me está mirando con ojos de deseo, no me desnudo ante él, ¡qué se habrá creído!