1254. EL GENERAL PINOCHET DE PUERTAS ADENTRO
Nuria Valentí Merino | Adisabeba

Santiago de Chile, 1982

Llega el General Pinochet a su residencia, tras un día de intenso trabajo y, nada más quitarse la gorra, oye a su mujer Lucía Hiriart gritar escaleras arriba

— ¡Augusto! ¿Eres tú? Mira que te dije que destituyeras a ese pendejo que no te hace más que mal, igual que hizo el pendejo de Hernán Cubillos después de lo de Filipinas.
— Sí, querida. — contesta mansamente.
— ¡Ah! Y recuerda que mañana voy a los Estados Unidos a ver a Nancy Reagan. Querrás ocuparte de los niños, ¿verdad?
— Sí, querida.
— Y acuérdate de lavarte los dientes antes de venir a la cama, eh?
— Sí, querida. — contesta el General, cansinamente.

Pinochet se va a la biblioteca, se sienta en su sillón y toca el timbre. Aparece Bernardo, su intendente y, sin decir nada, le sirve una bebida. Suspira con angustia y mira a Bernardo con ojos de cordero degollado:

— Bernardo, ¿tú crees que Chile me quiere? — Le pregunta lleno de ansiedad.
— ¡Sin duda mi General! Chile le ama
— Entonces ¿Por qué protestan tanto? — se queja impotente.
_x008d_— Son como hijos adolescentes, mi General. Sólo intentan ver a dónde pueden llegar.

Pinochet mira su vaso con cara de niño enfurruñado.

— No llegarán muy lejos…

De repente, como si se le acabara de ocurrir, el General mira a su intendente

— Oye Bernardo, hace mucho que Paco no me llama, ¿está enfadado?
— Este… No, mi General, el Caudillo murió hace siete años
— ¡¿Qué?! ¡Y yo no me entero! — Grita enfurecido. — Pues vaya mierda de servicios secretos tenemos
— Ha salido en todos los periódicos, mi General…
— ¡¿Qué?! Maldita censura, ¿a quién se le ocurriría… Oye Bernardo ¿Y quién gobierna allá ahora?
— Pues acaba de ganar un tipo llamado Felipe González
— Y éste ¿De qué palo va?

Bernardo traga saliva antes de contestar.

— Es… es socialista, mi General
— ¡¿Qué?! El mundo se va a la mierda, Bernardo, escúchame lo que te digo

El General suspira, derrotado

— En fin, puedes retirarte, Bernardo

Bernardo se cuadra.

— Mi General..

Cuando Bernardo se retira, Pinochet aguarda unos minutos. Después abre la puerta y echa un vistazo, atento a que nadie esté cerca y pueda interrumpirlo. Cuando está seguro que toda la casa está en calma y no será molestado, gestiona un mecanismo en su licorera que abre un pequeño compartimento secreto que guarda la biblioteca privada del General. Extrae el libro que está leyendo, “El Capital”, se sienta en su sillón, lo abre por su punto de lectura y se medio sonríe.

— Tampoco tenían malas ideas, este par…