El incidente
Nicolas Palacios Garcia | nikoplax

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Miré su cuerpo desnudo encima de la cama. Tenía los ojos abiertos, pero no se movía.



Entonces miré mis manos manchadas de sangre.



¿Cómo podía haberme pasado algo así?



En veinticuatro horas mi vida había dado un vuelco. Ya nada volvería a ser lo mismo.



El primer match en mi perfil de Tinder, que me había creado esa misma semana.



La conversación con ella, como si nos conociéramos de toda la vida.



No parábamos de chatear a todas horas, así que decidimos tener nuestra primera cita ese mismo viernes.



Cuando nos encontramos, no pude disimular mi sorpresa. Era incluso más guapa que en las fotos.



Se lo dije. Se sonrió, y me sorprendió dándome el primer beso.



Recordar ese momento, mientras la sangre me resbalaba por las muñecas, hizo que me estremeciera.



Volví a mirar su cuerpo completamente inmóvil, rígido como una estatua.



Si tan solo pudiera volver atrás unos segundos y cambiar el pasado…



Después de cenar nos fuimos a un bar de copas, y estuvimos bailando y charlando un buen rato más. Esta vez fui yo quien se animó a dar el paso, y acariciando sus cabellos rizados me acerqué muy despacio, y nos besamos de nuevo.



Poco después ella ya me había invitado a tomar una última copa en su apartamento.



Fue entonces cuando los acontecimientos se precipitaron.



Bajo presión siempre he sido un poco torpe.



Y en ocasiones me cuesta interpretar correctamente qué está pasando.



Ella no paraba de hablar mientras nos desnudábamos.



Yo intentaba ordenar mis pensamientos.



Pero la cabeza se me embotaba cada vez más.



Nos recostamos en la cama. Ella reía y hablaba cada vez más fuerte, y yo me puse muy nervioso.



Entonces sucedió.



Sin dejar de reírse, abrió un cajón, y me pasó un preservativo que tenía guardado en la mesilla de noche.



Traté de abrirlo, pero no había manera.



Tiré con más fuerza, y el plástico del envoltorio por fin cedió.



—¡Ay! —grité, mientras miraba el tajo que me había hecho en el dedo, y comenzaba a sangrar como si fuera un extra de una peli de Tarantino.



Desnudos en la cama, sin saber qué hacer, los dos nos quedamos como hipnotizados mirando mi dedo, que yo mantenía levantado a modo de ‘mira lo que tengo aquí’, mientras todo se iba llenando de sangre.



Entonces ella se acercó y se metió mi dedo cubierto de sangre en la boca, mientras me miraba en silencio con sus grandes ojos azules.



Yo conseguí reaccionar y volví a acariciarle el pelo.



—Tu pones la lavadora —fue lo ultimo que le oí decir antes de perderme con ella entre las sábanas.