128. EL LEGADO DE LA ABUELA
jorge dario santarelli piriz | Cegatoni

Los años habían dejado huellas en la piel de la abuela Gregoria. Sus manos temblorosas, deformadas por la artritis abrieron las puertas del armario, sacó con dificultad el maltrecho y viejo arcón de madera con herrajes de hierro oxidados.
Quitó el candado sin llave, lo abrió y sacó una caja de gastados bordes dorados.
La colocó lentamente encima de la mesa bajo la atenta mirada de su nieta Elena. Dentro habían cosas importantes, históricas y de valor, le dijo la abuela casi en secreto.
Con dificultad saca otra caja amarillenta desde un rincón del arcón y dice:
-Acá está la historia de nuestra familia, tiene más de 2 siglos de antigüedad. Me la entregó la madre de mi mamá cuando más o menos tenía tu edad. A ella se la confió la madre de su madre y así sucesivamente.
Elena mantenía solemne silencio, sus ojos como platos miraban atentamente.
-Nuestra familia ha conservando este tesoro que te estoy legando. Hay documentos, fotos históricas, fechas y nombres que seguro te servirán.
Tomó otra pequeña caja de madera tallada, la abrió y apareció un anillo con una piedra brillante y comentó:
-Fue de tu tátaratatarabuela es el anillo que recibió cuando tu tátaratatarabuelo le propuso matrimonio hace como 150 años más o menos.
Luego fue desgranando historias y nombres sobre las fotos color sepia. Volvió al armario y colocó sobre la mesa una caja con platillos y tacitas de porcelana con diseños en color añil. Volvió al armario y sacó una pintura de aproximadamente 50cm por 40cm con un pesado marco que alguna vez fue dorado y dijo.
-Esta pintura la trajo el abuelo de mi madre no recuerdo de que parte de Europa. Siempre me contaron que era de un reconocido pintor. Fue el regalo de casamiento, ahora es tuyo, no tengo idea si es muy valioso, solo que ha estado en la familia por muchísimos años y cada descendiente a quien se lo han confiado lo han conservado. Puedes hacer lo que quieras, colgarlo en tu casa, venderlo o lo que te plazca.
La nieta emocionada por la confianza se mantuvo en silencio escuchando las aventuras y desventuras de la familia. De hijos perdidos, de amores contrariados y casamientos por concertados.
La abuela guardó todo en el arcón y lo entregó a su nieta con la promesa intrínseca, aunque no pronunciada, que ella cuidaría tan valiosas posesiones.
– Ahora estoy cansada, me gustaría recostarme un rato sino te molesta.
Esperó que su nieta se retirara, caminó hasta el armario, sacó una botella de Ron y se sirvió una generosa ración mientras esbozaba una sonrisa.
Al fin he podido salir de la promesa de conservar esas cosas. Años intentándolo con mis hijos y nietos y ninguno tomó el compromiso, ni siquiera insinuándoles que algunos objetos podrían ser muy valiosos¡ja! inteligentes los niños. ¡Hay que ver las porquerías te heredan! Ahogó la risa mientras bebía otro sorbo de ron cubano con la satisfacción del deber cumplido.