1090. EL LEGADO
jorge dario santarelli piriz | jorgeydasio

Los años habían dejado huellas en la piel de la abuela Gregoria. Sus manos temblorosas abrieron las puertas del armario, sacó con dificultad el maltrecho y añejo arcón de madera con herrajes de hierro oxidados.
Quitó el candado sin llave, lo abrió y sacó una caja de gastados bordes dorados.
La colocó lentamente encima de la mesa bajo la atenta mirada de su nieta Elena. Dentro habían cosas importantes, históricas y de valor, le dijo la abuela casi en secreto.
Con dificultad por culpa de la artritis, saca una caja amarillenta mientras explica:
• Acá está la historia de nuestra familia, tiene más de 2 siglos de antigüedad. Me la entregó la madre de mi mamá cuando más o menos tenía tu edad. A ella se la confió la madre de su madre y así sucesivamente.
Elena mantenía solemne silencio, sus ojos como platos miraban atentamente.
• Nuestra familia ha conservando este tesoro que te estoy legando. Hay documentos, fotos históricas, fechas y nombres que algún día, seguro te servirán.
Tomó otra pequeña caja de madera tallada, la abrió y apareció un anillo con una piedra brillante y comentó:
• Fue de tu tátaratatarabuela es el anillo que recibió cuando tu tátaratatarabuelo le propuso matrimonio hace como 150 años más o menos.
Luego fue desgranando historias y nombres sobre las fotos color sepia. Volvió al armario y colocó sobre la mesa una caja con platillos y tacitas de porcelana con diseños en color añil. Volvió al armario y sacó una pintura de aproximadamente 40cm por 30cm con un pesado marco que alguna vez fue dorado y dijo.
• Esta pintura la trajo el abuelo de mi madre, no recuerdo de que parte de Europa. Me contaron que era de un reconocido pintor. Fue el regalo de casamiento, ahora es tuyo, no se si es muy valioso, solo que ha estado en la familia por muchísimos años y cada descendiente que se lo han confiado lo han conservado. Puedes hacer lo que quieras, colgarlo en tu casa, o lo que te plazca.
La nieta emocionada por la confianza se mantuvo en silencio escuchando las aventuras y desventuras de la familia, de hijos perdidos, de amores contrariados y casamientos concertados.
La abuela guardó todo en el arcón y lo entregó a Elena con la promesa no pronunciada, que ella cuidaría tan valiosas posesiones.
– Ahora estoy cansada, me gustaría recostarme un momento sino te molesta.
Esperó que su nieta se retirara, caminó hasta el armario, sacó una botella de Ron y se sirvió una generosa ración mientras esbozaba una sonrisa.
• Al fin he podido salir de la promesa de conservar esas cosas. Años intentándolo con mis hijos y nietos y ninguno tomó el compromiso, ni siquiera insinuándoles que algunos objetos podrían ser muy valiosos¡ja! inteligentes los niños. ¡Hay que ver las porquerías te heredan! Ahogó la risa mientras bebía otro sorbo de ron cubano con la satisfacción del deber cumplido.