499. EL MADRILES
Sergio Cervera Moreno | Todopo

El taxista juro que se vengaría.
Le apodaban “El Madriles” y toda su vida fue taxista.
Sentado en su sillón rojo de plástico bebe lentamente una cerveza. Hace una mirada panorámica de su entorno. Su mujer envuelta en una bata marrón peluda, trasiega en la cocina entreabierta. Un olor a repollo sale invadiendo la casa. Ella va de un lado para otro con sus pantuflas de gata.
Recuerda cuando la conoció. Era joven, guapa y dicharachera. Se casaron con 18 años porque ya esperaban a los gemelos. Los gemelos… esos zánganos de 40 que nunca han trabajado y se pasan el día viendo la tele culebrones.
Los ve en su habitación entreabierta, comiendo sus bocadillos de Nocilla de merienda. Se levanta y cierra la puerta. Los adolescentes viejos como él los llama ríen a carcajadas.
El suegro como un rinoceronte a su lado. Es un cascarrabias tragón y sucio que siempre anda tocándole las narices.
Mira el cuadro que preside el salón. Un cazador con rifle en mano persigue a cuatro conejos que corretean por el campo. Se identifica con el cazador. El es el protagonista, los conejos son secundarios. Se pone una camisa de flores y se perfuma copiosamente con Varón Dandi.
Sale con su taxi, Elvis con su guitarra oscila como un péndulo en el cristal delantero. Le paran dos jóvenes desaliñados con mal pelaje y les recuerdan a sus hijos.
– ¡Maldito Karma! Grita.
Saca un brazo por la ventanilla y les hace un corte de mangas. Se va a gran velocidad, escucha sus insultos.
Un anciano le hace una señal con el bastón para que pare con bastante prepotencia, otro corte de mangas y acelerón.
– ¡Y sigue el Karma! Murmura.
Recibe unos cuantos bastonazos en el capot.
Fotocopias de mujeres cargadas de paquetes de rebajas le paran repetidas veces.
– ¡Maldito Karma! Dice sacando la cabeza por la ventanilla. Otro corte de mangas y fuga.
¡Ya está! Su venganza será escoger él a los viajeros, solo llevara a mujeres jóvenes, rubias y exuberantes que huelen a Channel Nº5.
A jóvenes emprendedores contraje de Armani y maletines. Y a viejos escritores que recogerá a la salida de las tertulias de cafés y tendrán conversaciones interesantes con él comentando su último libro.
Su taxi, su pequeño mundo, no va a parecerse a su realidad.
El muñeco de Elvis sigue bailando alegremente chocando en el cristal.