EL MUCHACHO BUENO E INFIEL
MARÍA RUIZ FARO | ISOLINA

5/5 - (1 voto)



Tenían expectativas, no querían que así fuera pero así era. Habían sido muchos días de calentón en la distancia, muchas masturbaciones reconstruyendo el momento que aún no había existido. La tensión sexual se apoderó de la imaginación y las ganas. Para cuando al fin se vieron ya eran cuatro. Los dos de las fotos, los audios y los mensajes y los dos de carne y hueso.

Para más inri había poca correspondencia entre la imagen superficial y de guarreo creada y las dos personas brutalmente honestas que se encontraron.

Así, con esa tensión, ese descuadre, esas expectativas extrañas…era realmente complicado disfrutar sin más.

Baste decir que la entrada había sido programada y ejecutada de la siguiente manera: Si ella abría la puerta y estaba dispuesta a tener sexo con él se bajaría las bragas y si él también era receptivo a la situación se agacharía hasta su sexo para degustarlo.

Así, con ese alto listón, empezó el encuentro. La acción siguió en la cama tal y cómo habían dispuesto en las conversaciones antes de verse.

No sabemos qué pasó realmente por el cuerpo y la cabeza de él, aunque aludió a sentirse desconectado y mal por la infidelidad que estaba cometiendo, lo cierto es que lo que quiera que fuese le hizo despedirse educado y cordial sin haber terminado la sesión de cama, sin haber ninguno de los dos llegado al orgasmo.

Ella, empática, comprensiva y llena de ternura por la situación lo besó y le regaló un libro, le ofreció un café, oferta que él declinó y lo acompañó a la puerta.

Ese «final no final» la dejó gratamente sorprendida. Le dejó sabor a humanidad. Ese desconcierto le hacía pensar en cómo estaría él, algo que seguramente no hubiera sucedido de llegar al final esperado de «tu gimes, yo eyaculo y aquí todos saciados».

Como no era de aguantarse le preguntó y él decía estar bien. Solo le rondaba una pregunta: ¿así acababa esto?. Siguió jugando otras partidas con otros hombres que la masajeaban, le subían las piernas, se le corrían encima y todas esas cosas con las que ellos habían fantaseado pero que luego no hicieron. Y tras los encuentros, las risas y el placer, cuando se quedaba tranquila pensaba en volver a terminar lo inacabado con el niño bueno e infiel y se acababa tocando imaginando lo que aún ,tal vez o quizás no, estaba por suceder.