1373. EL MUERTO ME DIJO ADIÓS.
DIONISIO MARTIN RONCERO | Doctor Infierno

En mi pueblo no pasa nada importante. A lo más que no llueve desde hace casi un año y los olivos se van a secar. Quizás que como llueva de golpe, una gota fría de esas que anuncian en el telediario, verás el desastre que va a causar. .Puede ser que don Roberto, nuestro alcalde, tenga muy descuidado nuestro cementerio y todas las inversiones municipales vayan a su barrio. Tal vez que don Juanitín no se quiso vacunar porque dice que lo van a envenenar y a meterle un » chicpcp» por debajo de la piel para controlarlo.(El pueblo cree que está intoxicado de tantas películas como ve.)

Como ven en mi pueblo no pasan cosas de importancia, ni transcendentes, de las que acaparan el «primotime » de las televisiones. Lo que sucede es vulgar, rutinario, sin enjundia. Cuando sucede un hecho diferente, incluso excepcional, los setecientos dos habitantes de nuestra comunidad rural nos alteramos, nos conmovemos, nos excitamos y, durante varios meses, ya tenemos un tema «core » del que opinar en nuestras tertulias diarias.
Las reglas del carnaval antiguo eran muy sencillas. Un mes antes de su comienzo se sorteaba quién iba a ser el director de ese año; y el elegido tenía diez dias para proponer a la junta directiva la broma pública que había pensado ejecutar ese año. Después de expuesta, la junta directiva votaba su aprobación o su desaprobación.
La de ese último año la propuso José , alias CASCAENBALDE, corredor de bienes raíces, y encargado de intermediar en todas las operaciones de compraventa de casas, tierras y demás propiedades.
Como quiera que salió de director y acababa de venderle una casa a un tal Jhon Smith, un inglés muy raro y al parecer muy buena gente por lo de confiado, pensó en la broma inmediatamente.
Se trataba de, en connivencia con todos los amigotes, fingir su muerte, y el velorio de Cascaenbalde(padecía de verborrea),al que invitarían a Jhon Smith.
Y asi actuaron. Los extras de esta representación fueron cinco mujeres de riguroso luto y cinco hombres de los más serios de nuestro pueblo, y un cura falso que acudió a darle la extrema unción , y un médico que certificó su defunción. Y cuando el velorio estaba entrando en la madrugada, cada uno de los presentes pasó ante el ataúd abierto, le besaba la frente y se despedía del finado. Se acercaban y le decían” adiós, amigo José.”
Cuando le tocó el turno al inglés, ya quedaban dos o tres personas, al acercarse al cadaver para darle su adiós ,éste le guiñó un ojo y se levantó para hacerle una reverencia, y le susurró “adiós”. En ese mismo momento Jhon cayó fulminado al suelo por la impresión.
Cuando se despertó en el hospital, dos días después, el inglés estaba desorientado.
Un médico de urgencias le preguntó:
– What happened ,sir?
– El muerto me dijo adiós-balbuceó parsimoniosamente el inglés.