1459. EL MUNDO ES DE LOS VALIENTES
Pablo Muñoz Lebrón | Leonardo Lapena

Ramiro vió la luz aquel día. Gritó ¡Basta! (ofendiendo involuntariamente a su vecina de enfrente, mujer de subjetiva higiene y excesiva corpulencia) y se dirigió velozmente a su puesto de trabajo, dispuesto a impresionar al jefe.

– Toc, toc…

– ¿Si?

– Soy yo, señor… Ramiro Pancorbo, del departamento de disfraces. ¿Me daría permiso para entrar? (Ramiro se autoengañó confundiendo educación exquisita con no hacerse caca encima ante una posible reprimenda del jefe).

– Si no hay más remedio… ¿Qué quiere?

– Pues… decirle que nuestros disfraces son, con perdón… una puta mierda… por eso sólo vendemos pelucas rosas y disfraces de enfermera picantorra. ¿Quién quiere disfrazarse hoy en día de arlequín? ¿O de polichinela? ¡Oiga, que mi hermano Ramón es mimo en una calle de barrio caro y se ríen de él hasta los viejos!

– Hombre, nuestra empresa se llama «DISFRACES DE SIEMPRE» desde hace doscientos años, mi padre en el lecho de muerte me dijo que como cambiara uno solo de sus diseños regresaría del infierno para joderme vivo… y a usted le contratamos por pena, pero… ¿Quiere proponer algo?

– ¡Pues sí! (gritó enérgicamente, creyéndose respaldado por toda la plantilla… siete personas y la limpiadora de contratación externa) ¡Hay que destruir para construir, agitar cimientos, mover el avispero… ¡El camino al éxito es la actitud!

– ¿Ha pasado la noche leyendo frases motivadoras en internet?

– Si… pero… ¡Hay que adaptarse a lo que el público demanda! A lo que todos sueñan, pero pocos se atreven a pedir…

– ¡Dígalo ya! En cinco minutos me voy a desayunar y a esta hora sólo quedan las mierdas que nadie quiere en la cafetería…

– Bien… Ha llegado la hora de… los travestis.

– ¿Travestis?

– ¡Travestis!

– Pero…

– ¡Travestis! ¿No ha visto los carnavales? ¡Las mujeres se visten de prostitutas… y los hombres de mujeres, o de mujeres prostitutas! ¡En televisión hay humoristas haciendo de mujeres de barrio pobre hace más de 20 años y triunfan! ¿Quién no, en ausencia de su mujer, se ha puesto peluca, medias de seda, tacones y…?

– ¿…Usted?

– No estamos hablando de mí… ¡Estamos hablando de levantar este decadente negocio!

– Mire, no le escucho más. Tiene dos opciones: o volver a su puesto y no cruzarse conmigo por los pasillos (ni por el parking) jamás… o despedirse del trabajo.

– ¡Pues me voy! ¡Hasta nunca! ¡Otros querrán mis revolucionarias ideas!

Ramiro se fue dignamente, y se tomó un año sabático, gastando sus ahorros en viajar por el mundo. Al volver a España, no podía creer lo que veía: desde niños que no se tienen en pie hasta al presidente del Gobierno presentando su dimisión en rueda de prensa… TODOS habían adoptado como moda el travestismo. Y las acciones de «DISFRACES DE SIEMPRE» habían subido un 5000%.

Ramiro, en un ejercicio de resignación y aceptación, exclamó:

– Al menos ahora podré llevar peluca y tacones sin ser (excesivamente) juzgado por ello.

Ramiro se maquilló y, con un montón de currículums bajo el brazo, se despidió de su esposa y se fue, un día más, a intentar comerse el mundo.