1367. EL PAPEL DE SU VIDA
Carlos Cassinello Bailén | Panerowsky

Su vocación: la actuación. Su maldición: la cara.
Así era. ¿Cómo describirla? Era la cara más cómica que se había visto jamás, así que podemos imaginar que también era el actor más encasillado que jamás se había visto… pero eso iba a cambiar. Mario Hoyos ya tenía cierta posición en la industria, y si eso no era así, al menos el capital suficiente para llevar a cabo el proyecto donde interpretaría ese papel dramático que siempre había ansiado y que se le había negado una y otra vez.
Llegó el primer día de rodaje. Plano corto de diálogo entre Mario y la actriz del momento, Luz Guerra, actriz que él ha escogido personalmente. La escena no puede ser más dramática: Mario sostiene una pistola. El actor al que interpreta está cansado de la vida.
Se tiene que interrumpir varias veces la escena. Ella se ausenta más de una vez porque no puede aguantar la risa. Está roja como un tomate, pero uno a punto de estallar. Por el fondo, entre el personal, se van oyendo risas, reprimidas con mayor o menor fortuna, y toses.
Mario dispara a Luz. Ella va cayendo poco a poco, y ahora sí que no se corta lo más mínimo en reírse. Está agonizando y partiéndose al mismo tiempo. Mario vuelve a dispararla más de una vez. Tiene los dientes apretados y los ojos rojos de rabia. La interpretación está siendo muy dramática. Demasiado. Sin duda, la más dramática de su carrera… y de la de ella: la munición es real y ella está muerta.
Mario se apunta a la cabeza. Dispara. Adiós.
Un silencio atroz se apodera del lugar. El resto del equipo está petrificado observando.
De repente, todos estallan estrepitosamente y al mismo tiempo, como si eso también estuviese ensayado y formase parte del rodaje. Se empiezan a ver lloros a lágrima viva. Algunas personas caen al suelo, no pueden soportar lo que acaba de ocurrir.
Se están muriendo también, pero de la risa.