44. EL PELO LARGO DE JASON
Cristina Sáez | Crispula

¡Camarero! Una cerveza para mi y ¿tú? (él no supo qué pedir hasta pasados unos siete minutos, tampoco es que hubiera una carta muy extensa de bebidas y en cuyo caso y ante la duda, uno pide exactamente lo mismo que la persona con la que ha quedado) un agua pidió. ¿Estoy guapo? Tú no me has visto con el pelo suelto. mira me dijo. El segundo que le llevó soltarse la melena se me hizo eterno. No daba crédito. Yo que pensé que ese iba a ser mi novio..¡pues no! Porque yo siempre ponía todas mis ganas y mis buenas intenciones en el chico majete con el que había estado manteniendo una conversación “coherente” (hasta que se demostrara lo contrario) y siempre terminaba diciendo: estoy perdiendo el tiempo, mi tiempo. Qué gente más rara hay por el mundo. ¡Con lo normalita que soy yo! ¡Alguien normal por favor! Hice llamamientos al universo, rituales con papelitos y velas, me ponía tacones para bajar a comprar el pan un domingo de resaca (por aquello que decían que el amor está a la vuelta de la esquina). Una vez, viviendo en casa de mis padres, salí a comprarme una hamburguesa, con pintas de andar por casa porque era bastante improbable que me fuera a encontrar con alguien conocido. Pues bien, ley de Murphy; estaba en la cola del burguer para pagar y escuchó la voz de mi amor platónico de toda mi vida. Pensé que había sido una alucinación provocada por el efecto del alcohol que aún tenía en mis venas de la noche anterior pero ¡no! ¡era real como la vida misma! Agaché la cabeza y pensé: “¡que no me vea!”. y no me vio.
Otra vez otro día, recién salida de trabajar (un día de mucho trabajo) me fui directa al Corte Inglés a comprar Reyes (perdón por los niños) cansada, agotada mentalmente y muy probablemente más blanca que un ajo. Me pongo a mirar una prenda y se me acerca un chico (que yo pensé..qué guapo) y me dice: ¿te importa probarte esta chaqueta? Es que es para mi prima que es como tú. Surrealista lo sé. En ese preciso momento creo que de lo más profundo de mi ser emanaron flores silvestres y de los ojos me salían corazones. Pensé..el destino. Éste va a ser mi novio. Después de probarme todo el stand me dijo, bueno, gracias, adiós. Eso es jugar con los sentimientos de las personas. Ahí lo dejo. Después descubrí que era un chico con el que había estado hablando muy poquito pero lo suficiente como para que él me reconociera aún llevando una miegde en la cabeza.
Aquella red social me dio muchas anécdotas, muchas carcajadas y lloros de risa con amigas y aunque no lo creáis, ¡sí! conseguí quitarme definitivamente porque conocí a alguien que sí merecía la pena. Siempre hay un roto para un descosido. Y yo, encontré al mío.