151. EL PERRO QUE RÍE EN EL OJO DEL PAVO REAL.
Álvaro José García Fernández | Al J. Kuely

Supuestamente, era la tarde de un domingo relajante. Tras una semana de mucho trabajo, estaba baldado. Se hallaba en la cama to’tirado, con la manta eléctrica (cual lecho de ascuas) caldeándole la espalda, cuando su mujer entró al cuarto para comunicarle la consiguiente misiva: vístete que vamos a ir a pasear con tu hermana y la sobri. Él se mostró impertérrito. Ella insistió en que se levantara entonando el sutra: Vive… Lúcete… ¡Pooosa! Tras un fundido a negro, un rayo de luz rosáceo lo deslumbró; en lontananza amanecía GLOW escrito con luz de neón y nevaba purpurina morada. Adiós a la siesta. La retahíla causo mella en el acusado, quién se incorporó lentamente, con algo de dolor, mientras su sopor se disipaba. Ya sentado en el borde de la cama, la miró fijamente a los ojos y replicó burlón: gluglú gluglú gluglú gluglú. Por tanto, airada, dio media vuelta, salió de la habitación e irrumpió de nuevo el silencio. Luego de haberse vestido presto, siguió el hilo rojo (atado a su meñique derecho del corazón) hasta el salón, donde la encontró acariciando al perro mientras ambos miraban ensimismados por la ventana en dirección al parque donde habían quedado. Entonces, adusto, le gritó «¡Qué sea la última vez que te vas y me dejas con la palabra en el pico!» Ella lo miró estupefacta. Él prosiguió su discurso «No me dejaste terminar de decirte: gluglú gluglú» Durante unos instantes se produjo una yuxtaposición de la imagen del hombre y la de un mayestático pavo real, el cual, se escamoteó tras el glugluteo. La mascota y ella se miraron con cara de WTF? Seguidamente, sus miradas recayeron de nuevo sobre el sujeto y los tres estallaron en una risa jovial; sí, hasta el perro mostraba su perfecta dentadura protésica (cual personaje público del film <>) porque, quién más lo hace sonreír es su dentista.