61. EL PINCHE VIAJERO DEL TIEMPO
Álvaro José García Fernández | Al J. Kuely

El versado rotulista aplica el vinilo mediante su espátula rígida (por el lado con cobertura de fieltro), mientras que el compañero mantiene el paño ligeramente separado de la pared, en tensión, y periódicamente le va retirando la trasera. Ctrl+E y Suprimir. Un electricista engalanado con su casco de seguridad, visera integral, guantes ignífugos y sobreguantes dieléctricos, está conectando la derivada individual al cuadro general de mando y protección, mientras, otro le asiste y está preparado para darle un garrotazo. Merde. Baladí. Delete. Cavilaciones vanas. Sin preámbulos. Simple y llanamente transcribiré la siguiente conversación entre un oficial de primera y un peón:
-Joder, que fuerte respiras con la mascarilla, pareces Dart Vader. Jajaja.
-Ggaha guhhu. Yo, soy, tu padre.
-Cómo vas a ser mi padre, pequeño saltamontes, podrías ser mi hijo.
Ríen jocundos.
-Quién te dice que no transformé un Seat Panda (más barato e igual de nostálgico que el DeLorian) en una máquina del tiempo y casualidades de la vida… me condujo hasta tu madre: María Babalon ¡La puta virgen! Eramos compatibles, nos fusionamos en reiteradas ocasiones; pero, esa época no era para mí, no pertenecía a ella, mi tiempo me reclamaba. Por ende, tras sufrir por segunda vez una experiencia asaz dolorosa, solo semejante a volver a nacer, regresé al futuro para trabajar como tu pinche y así estar cerca de mi amado hijo. Jejeje, las casualidades no existen, jejeje.
-Que tengas un retraso no quiere decir que vengas del pasado. Mic drop.