1310. EL PLAGIO INOCENTE
Alba Domínguez Bravo | TATA

Nos gusta reírnos. Reír nos oxigena, nos estimula, nos relaja, nos eleva unos segundos y nos convierte en una especie de disociados ante nuestra vida. Hay risas que se quedan perennes en nuestra profundidad. Por no decir que tener sentido del humor es un síntoma de inteligencia.

Una de las veces que más he tenido ese sentimiento que te provoca la carcajada fué hace unas semanas, pero la historia se remonta al 2018. Haciéndome la chulita en instagram decido publicar un texto de un escritor bastante admirado para mí.
Yo con pocos seguidores, dándomela de sibarita jamás pensé que un insignificante post llegaría al alcance de J (al que tanto admiro). La magia de las redes sociales hizo su función y J llegó hasta mi post con su texto plagiado y lo comentó como si nada.
Me entraron sudores fríos, le bloqueé y borré la foto. No supe reaccionar de otra manera, mi vergüenza era infinita.
En 2021 esta anécdota sólo estaba en mi cabeza y daba por hecho que J habría olvidado aquello, por lo tanto le desbloqueé para hablar de uno de sus artículos, mi sorpresa y alegría fue recibir su follow.
En mi cabeza era imposible que 3 años después J me relacionase con aquella persona que firmó un texto con otro nombre. Hace dos semanas fuí a la presentación de su último libro y me dijo “yo a ti te conozco”.
Me hizo mucha ilusión porque me había reconocido por nuestras interacciones en redes sociales, la carcajada vino cuando se dispuso a firmar el libro y dijo “a mí a veces me da por firmar en nombre de otra persona”. Me hizo gracia y me tiré dos días pensando en lo ingenioso que era que hubiese puesto otro nombre en la dedicatoria de su propio libro.

Y tanto que hasta dos semanas después no me dí cuenta de que mi querido J me vaciló, me la devolvió de la manera más elegante. Me reí mucho, quise llamarle y decirle que había hilado muy fino tres años después, pero no me parece mejor manera de hacérselo saber que con este relato.