1316. EL PORQUÉ DE LAS COSAS.
ALBA BRANDÍN CACHAFEIRO | DALSY

Dicen que la curiosidad mató al gato pero yo sigo viva.

No me entendáis mal, no os está hablando un gato, pero sí una persona muy curiosa. Ahora mismo, si te tuviese enfrente te estaría preguntando el porqué de tu nombre, el porqué vistes así o el porqué te gusta Alex Ubago. Porque a nadie le gusta Alex Ubago.

De hecho, ¿por qué sigues leyendo este relato? Igual te esperas que haga gracia o algo.

Me encantaría saber el porqué de muchas cosas. Cuando era pequeña, recuerdo que mi madre me compró un libro titulado igual que este relato. Se ve que alguien me copió el título, pero se lo perdonaré. Era una recopilación de explicaciones a 600 cuestiones. Pero no te creas que eran cuestiones profundas como: ¿los cangrejos verán a los peces y pensarán que están volando?

No. No eran esa clase de cuestiones realmente importantes. Eran más bien explicaciones hacia preguntas que realmente te importan una mierda saber la respuesta. ¿Por qué el golf se llama golf? o ¿Por qué las burbujas son esféricas? Son preguntas que realmente, si lees la respuesta o bien acabas siendo el típico pesado que suelta el dato innecesario en cualquier conversación para hacerse el erudito o te olvidas a los cinco segundos de porqué las burbujas son esféricas.

Aquel libro no me sirvió en absoluto para saciar mis ansias de curiosidad, todo lo contrario, me lo acabé de leer y me surgieron 600 dudas más, entre ellas, el porqué alguien escribió un libro sobre el porqué de 600 cosas. Que se dice rápido, pero ponte tú a hacerlo.

Mi madre ya no sabía que hacer para que dejase de cuestionarme la existencia de cada cosa que me rodeaba o que veía, o que escuchaba, o que tocaba, o que olía, en resumen, de cuestionarme la existencia de todo así que optó por su último recurso: no hacerme ni puto caso cada vez que me cuestionaba algo.

Y os preguntaréis, ¿le funcionó?

Pues se ve que sí, porque te he dado la chapa del porqué fui, soy y seguiré siendo tan curiosa a ti, y no a mi madre.