EL POTRO
Karen Lentini Gómez | Siana Hill

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No lo estoy viendo, pero lo escucho, una, dos, tres…

-Allí viene

Sudo, me muevo, cambio de postura

-¡Cállate! -no lo quiero saber, aprieto la almohada

Saberlo no cambia nada, aunque respire, lo siento. Treinta segundos perpetuos, parece que tuviese un gigante sobre mí, y entonces viene solo un instante de alivio. Escucho gritos aterradores, se oyen cerca.

Si siempre he temido este momento ¿por qué he seguido adelante? Si tuviésemos tiempo de pensar quizá nadie lo haría. Ahora es tarde.

-Uno, dos, tres … otra vez

¡Que pronto han pasado esos cinco minutos! Se está acelerando.

-Cabróoooooon por tu culpa.

Vuelve a la carga, esta vez la sensación de que el corazón se me va a detener ahoga mi grito.

Parece que disfruta con mi dolor. Quiero darle una patada a él y al monitor, pero me faltan las fuerzas. No sé cómo soy capaz de pensar todavía. Me quiero quedar aquí tranquila a esperar que pase, pero no lo puedo detener, hay una única solución y es pasar el trance lo antes posible.

Grrrrrrruuuuu un sonido extraño sale de mí, es peor cuando me pilla sin aviso.

Le golpeo por no haberme avisado, se repite, el dolor me está desquiciando, no voy a ser capaz de hacerlo.

¡Maldita la hora en que me envenené la cabeza leyendo sobre interrumpir el proceso de oxitocina! Ahora mismo es insignificante una aguja en mi espalda.

Mi espalda, quizá todavía estoy a tiempo. Pero cuando intento gritar no me salen las palabras, se me ha olvidado como llamarla, trato de sujetar su mano y se desvanece entre los dedos, no me siente; no me ve, pasa por mi lado y sigue de largo, no puedo alcanzarla. Intento hablar y no emito sonidos, no me escucha.

Sé que esto no parará hasta que salga. Miro a la ventana, es la única salida para acabar con esto. Que me lo saquen ya o me tiro.

No hay nadie que quiera escuchar mi suplica o atender a mi demanda. Estoy sola

Otra vez la intensidad y se me quiebran las entrañas, me abre en dos, me rompe los huesos.

El dolor me hace perder la cordura, me subo al borde, me lanzo… al caer siento liberación y un líquido que recorre mis piernas.

Me despierto con las sábanas húmedas, en la mesa de noche mi investigación sobre el Potro y Alberto dice:

-Venga cariño, es el momento: has roto aguas.