El premio.
Jesús Román Martínez Álvarez | Jesús Román

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Escribí un poema titulado “Ana ya no quiere mi chocolate”. Pero dudo que ella lo lea salvo que vuelva a este café y le dé por mirar los mantelitos que han impreso con mis versos y su nombre.

La culpa fue de un concurso… los clientes entregábamos unos cuantos poemas y entre todos los recibidos, elegían los ganadores. El primer premio consistía además en merendar gratis durante todo un año. Aunque lo verdaderamente importante era extender mis palabras por las mesas. Y si los mantelitos se ensuciaban, no pasaba nada porque pondrían otro en un tumulto inacabable de frases, verbos y comas.

Hubo una especie de entrega de premios con el local lleno de concursantes, parientes y parroquianos. El gerente, muy formal, se había puesto chaqueta y una pajarita y, tras las correspondientes explicaciones, acabó leyendo mi nombre. Luego me preguntó que por qué había escrito ese poema.

No tuve otro remedio que contarlo… sepan, dije, que la besé por primera vez en este sitio y que esa tarde estuve más pendiente de su boca que de sus palabras. El tipo de la pajarita hizo ademán de acabar dándome el vale para las meriendas, pero yo no le hice caso y seguí hablando. Aquella tarde… fue la única y, como ya les he dicho, nos besamos. Habíamos pasado un buen rato caminando de la mano y, al final, yo le regalé un libro en francés. Muchas veces he pensado que lo mismo me equivoqué… tal vez ella ni siquiera conocía a la autora o le parecería que era un libro horroroso para regalar en una primera cita, pero al fin y al cabo… ¡yo qué iba a saber! Un clásico como Lope o Calderón, incluso Borges, me podrían haber hecho pasar por un tipo anticuado y triste. Bukowsky… eso, sin duda, podría parecer excesivo. Así que supuse que algo francés sería un regalo propio de un hombre sensible.

Desde entonces meriendo gratis, claro, aunque últimamente los camareros empiezan a mirarme mal, supongo que por no dejarles propina. Yo agacho la cabeza y sonrió en silencio. ¿Qué podría decirles?, ¿Que la vida es así? Una retahíla de malos tragos, de amores extraviados de los que uno se consuela merendando por la cara.

Dentro de poco hará un año de mi premio y elegirán nuevos textos para los mantelitos. Ayer ya me advirtieron que el ganador de un año no puede volver a presentarse al siguiente. Pero mientras llega la fecha, seguiré viniendo. Mi chocolate, mis picatostes y un vaso de agua. Merienda de viejos.

Tomo asiento en el rincón, saco una revista y miro por el ventanal solo por mirar. Lo cierto es que me conformaría con verla entrar, pedir cualquier cosa y que levantara extrañada la mirada al descubrir su nombre, Ana, escrito bajo la taza.