El primer temor
Sergi Monfort Ferrer | ThirtyDimitri

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«- No te esperaba tan joven.

– Tú también lo eres, aunque aparentes lo contrario.

– Para ti, quizá. Pero solamente tengo unos pocos millones de años, soy prácticamente una adolescente.

– ¿Qué es una adolescente? ¿Es como un chimpancé joven?

– Algo así. De hecho, tú no eres tan diferente a uno. Quizá más pequeño, menos peludo. Perdóname, estoy algo nerviosa. Es la primera vez que me encuentro con una especie que me percibe.

– ¿Los chimpancés no te ven?

– Todos me ven: chimpancés, aves, flores, microbios… pero nadie hasta ahora me ha reconocido. No pretendo ser maleducada, es que es violento…

– No pasa nada, también es nuevo para mí. Todo lo es.

– Es que me has mirado desde el otro lado del prado como si ya me conocieses.

– Sí, se quién eres. No sé por qué, pero he estado pensando en ti.

– Por tu edad, no lo habrás hecho demasiado.

– No he hecho demasiado de nada. Este prado es lo único que he conocido.

– Pues qué pena.

– ¿Pena por qué?

– Tú lo has dicho. No te ha dado tiempo a conocer nada.

– ¿Y?

– El mundo es muy grande.

– Me alegro.

– El tiempo da para mucho.

– No sabría decirte.

– ¿No… no te da miedo?

– No.

– …

– Pero a ti sí, por lo visto.

– ¡Miedo, no! Créeme, yo sé lo que es el miedo. Lo veo todos los días; son gajes del oficio. No, lo que estoy es algo chocada. Como te he dicho, hasta ahora nadie me ha percibido. Pero, precisamente por eso, si tú entiendes quién soy, entenderás qué supongo para ti.

– Sí.

– Entenderás que, una vez estás conmigo, debes renunciar a todo lo demás.

– Qué remedio.

– No, no pareces entenderlo.

– Pareces odiar tu oficio.

– Me haces cuestionármelo…

– No lo cuestiono, ese es el tema.

– ¡Pues deberías! Hay tantísimas cosas de las que te voy a privar, hay tanto que no has visto ni aprendido, experimentado… ¿Todo eso no te importa?

– Todo eso está muy bien, pero tú lo has dicho: no voy a tenerlo. ¿Entonces de qué me sirve lamentarlo? He visto el sol y la hierba durante unas horas, nada más. No sé el resto de cosas cómo serán, pero estas no han estado mal.

– Podrías haber sido tan alto, fuerte y hábil, tan listo y curtido. Tantas posibilidades…

– Pero no ha sido así.

– Me das lástima.

– No, amiga. Creo que, después de todo, te doy miedo.

– ¿Miedo yo, criatura?

– Miedo tú, adolescente.

– ¡Lo tendrás! Quizá no tú, pero sí tu especie. Me aseguraré de que me teman. Me temerán tanto que dedicarán cada gesto y cada paso a intentar evitarme y negarme. Me temerán tanto que la vida les será imposible sin mí.

– Ay… Ahora yo siento lástima. Tenemos una larga relación por delante. Podría haber sido una convivencia tan hermosa…»