797. EL PROGRESO
Miguel Ángel Escudero Eble | Ferdinand Seco

Entré al bar. Le pedí un gin-tonic al camarero y empecé a compartir con él mi visión del mundo.

-Algo va mal. Es esta jodida sociedad de la información, de las redes sociales. Ya no hay secretos en el mundo. La saturación de información aturde nuestros cerebros, y las redes de banda ancha están acabando con las verdaderas relaciones humanas. En el bar de mi pueblo, empiezan a poner en duda que fui presidente de los Estados Unidos.

El camarero no me estaba escuchando. Miraba su teléfono móvil. Me terminé el gin-tonic en silencio. En ese momento, entró al bar un tipo y se sentó en el asiento contiguo al mío. Pensé que podía improvisar alguna treta para sacarle una copa.

-Yo soy médium –le dije.
-¿Cómo dice?
-Me comunico con los muertos.
-Ah, vale.
-¿No te lo crees? Como te achuche a un muerto verás. Los muertos tienen mala hostia. Ponte en su lugar. Al muerto le da igual ocho que ochenta. Ya le puedes denunciar que él no le tiene miedo a la cárcel.
-Es lógico.
-Ahora mismo estoy viendo a un muerto que es el mayor hijoputa del más allá. Pero es colega mío. Sólo tengo que pedírselo, y te hace la vida imposible. Se mete en tu cama por las noches y cosas así.
-Pero si yo no le he hecho nada.
-Págate un gin-tonic o se lo digo.

El tipo me invitó al gin-tonic. Fue el comienzo de una gran amistad.