837. EL RECADERO
Juan García Quirós | Eladio de Fresa

Yo soy el recadero… pero lo he sido siempre; eso debo aclararlo. De niño, cuando alguien pretendía ir al quiosco, a por las chuches (que diría Rajoy), aparecía el recadero; iba por las golosinas y se las llevaba al comprador… ¿La vuelta?, el recadero siempre tiene derecho a lo equivalente a un chicle, por ejemplo, si el comprador ha invertido veinte duros, y así progresivamente. Cuando, años más tarde, iba por tabaco; un par de cigarritos eran para el recadero. Había quienes me insultaban, y me decían “aprovechao”, ellos mismos me conocían como el Vepo: Veportabaco, Veporgasolina, Vepordóndehasvenido… Así, todo junto, pues así lo pronunciaban los borricos. Yo me estaba buscando la vida, ¿qué hay de malo en eso?… Ahora, por fin, puedo dedicarme laboralmente a mi pasión, la de recadero. Voy con mi bici por toda la ciudad, portando mi caja-mochila a la espalda… ¡Es maravilloso!, siempre y cuando logre que la comida llegue caliente… ¡Ah!, y contener las ganas de pegarle un mordisco a cualquier producto de los que reparto, pero eso último lo llevo bien; y ya no digo más, que estoy en medio de un reparto… ¡y con la boca llena no se habla!…