770. EL RECONOCIMIENTO
Enrique L Silva G | Caraqueño

Con los ojos aun entornados de sueño, bajó los pies de la cama y sintió un escalofrío recorrer su espalda originando en él una sensación de desagrado.
Fue hasta el baño a cumplir su ritual mañanero, que incluía el intento de organizar los asuntos pendientes, equilibrar lo urgente y lo importante, aunque al final del día siempre se arrepentía de sus decisiones matutinas.
Escuchó la voz de su esposa que le decía en tono casi de súplica:
– ¿Será que hoy si te decides a sacar algo de las bibliotecas? Hay muchos libros que ya no lees, sólo están acumulando polvo.
Hizo un movimiento de cabeza acompañado por un borroso okey.
Parece que es tiempo de separarme de algunos de estos libros, por ejemplo La colección de cuentos infantiles ocupa todo un tramo y los hijos están a punto de universidad, creo que los puedo donar a la biblioteca de la escuela donde estudiaron.
Sonrió por su acertada decisión, su mujer bajará la presión y en la escuela se lo agradecerán, quizás hasta le hagan un reconocimiento.
Buscó un par de cajas y sin pensarlo más los embaló, quedaron bastante pesadas, así que con cierto esfuerzo las llevó hasta su vehículo y de una vez enfiló hacia el colegio, pidió hablar con la directora y le explicó que quería realizar una donación a la escuela, unos cuentos infantiles.
La directora llamó a la bibliotecaria y entre los tres dejaron las cajas en la dirección, agradeciéndole su noble acción.
Satisfecho de sí mismo, se dirigió a la oficina, tenía dos reuniones importantes ese día, una ahora en la mañana y otra a inicios de la tarde, así que llamó a su mujer y le explicó que no iría al mediodía, que se verían en la noche.
Regresaba a casa pensado en una buena cena, algo de lectura y paz hasta el momento de irse a descansar, sin embargo en vez de tranquilidad lo esperaba el caos, había llegado su sobrino y corría por toda la casa gritando desaforado:
– ¿Pero dónde están, quien se los llevó?
Su mujer iba detrás de él, entre compungida y molesta, balbuceando – ¿pero qué importancia tiene?, yo solo le dije que se fuera deshaciendo de los libros que ya nadie lee – mira ya llegó tu tío, pregúntale…
– ¿Dónde están los libros?
– Cálmate, dijo Javier, sólo me llevé la colección de cuentos infantiles, ningún libro de valor.
– ¿Dime dónde están por amor de Dios? Repitió su sobrino.
– Los doné a la escuela.
– Qué locura, todo mi dinero.
– ¿Cuál dinero?, eran sólo los cuentos.
– Entre las páginas estaban veinte mil dólares, que estaba ahorrando.
– Joder, por qué no lo habías dicho.
– Tenemos que recuperarlos.
– Temprano en la mañana se dirigieron a la escuela donde los recibió una gran pancarta que decía:
“La Escuela agradecida al Señor Javier Montilla por su generosa donación que permitió contratar los arreglos de nuestra Escuela”.
Tres voces gritaron en una sola “NO ES POSIBLE”