970. EL REGALO
KAROLA COSME | Cabeza de búfala

En el día del padre, el hijo no predilecto baja la ventanilla de su Peugeot 206 negro, alarga su dedo índice y pulsa el botón rojo del interfono.
—»Bienvenido a Regalos Exprés, su empresa de regalos personalizados en minutos. ¿En qué puedo ayudarle?» —dice una voz chillona que sale por el altavoz.
—Quiero un regalo para mi padre —contesta el hijo no predilecto, al acercar su boca al interfono.
—»Indique por favor la edad del agasajado».
—Sesenta y dos.
—»¡Estupendo! Ahora dígame la suya para añadirla a la base de datos».
—Treinta y seis.
—»¡Bien! Diga alto y claro el nombre completo de su padre».
—Ricardo Olgoña Savaedra.
—»¡Lo tengo! Si es tan amable, dígame la condición sexual de su padre, por favor».
—¡¿Qué?! ¡Venga, hombre!
—»Disculpe, no le he entendido. Repita la condición sexual de su padre».
—Heterosexual, que yo sepa.
—»Disculpe, no le he ente…»…
—¡¡Heterosexual!!
—»Recibido. Dígame un nombre para dirigirme a usted».
—Gilipollas.
—»Muy bien, Gilipollas, ya casi tenemos listo el regalo ideal para su padre. Indique los años de relación entre él y usted».
—……
—»Gilipollas, ¿sigue usted ahí?»
—¡Estoy contando!… ¡Diez! A lo sumo, doce. ¡Doce!
—»¡Eso es genial! ¿Desea acompañar su regalo con alguna frase o mensaje afectivo?»
—No.
—»¡Estupendo! ¡Tenemos el regalo perfecto para Ricardo Olgoña Savaedra por solo 9,99 euros! ¿Desea pagar con efectivo o tarjeta?»
—Efectivo.
—»Buena elección. No se retire. En menos de un minuto recibirá en esta misma ventanilla su regalo personalizado. Ha sido un placer contar con usted, Gilipollas. Regalos Exprés le desea que tenga un bonito día».
—Pues muy bien —dice con ironía el hijo no predilecto.
La luz roja del interfono se apaga. El hijo no predilecto se impacienta. Cuarenta y cinco segundos después, aparece por la ventanilla una chica con gorra de béisbol que le entrega una bolsa de papel marrón.
—Espero que le guste a su padre, Gilipollas —le dice sonriendo.
—Pensé que eras una de esas máquinas —dice el hijo no predilecto avergonzado mientras le entrega un billete de diez euros.
—Me lo dicen mucho —responde la chica con otra sonrisa y un céntimo entre los dedos.
—Ah, no, ¡quédatelo!
El hijo no predilecto se despide, sube la ventanilla del coche, coloca la bolsa en el asiento contiguo (sorprendido por su extrema ligereza) y avanza unos metros por la calzada. Pero, como la ansiedad le come por dentro, estaciona junto a una gasolinera y abre la bolsa.
Al fondo encuentra una tarjeta de visita que parece estar en blanco, pero, cuando la gira, lee en el otro lado en letras impresas:
«Guárdese el orgullo, dele un abrazo a su padre y déjese de gilipolleces. Y procure que le devuelva el regalo.
Fdo.: Regalos Exprés».

(Nota: El texto entrecomillado iría en cursiva, pero esta aplicación no lo permite. Gracias.)