637. EL SEÑOR GRAHAM
Joaquin Manuel Cuevas Ortiz | El Capitán Veneno

La cerrada, espesa y poblada barba del señor Graham era lo primero que llamaba la atención de su persona. Los pelos duros y tiesos comenzaban donde el resto de las personas tienen las ojeras, muy cerca de la nariz se iniciaba la alfombra de pelos que le cubría el rostro sin ningún tipo de cuidado ni mantenimiento durante meses. La pereza atenazaba sus sentidos cuando se trataba de rasurar su barbudo rostro; la indolencia ante la cuchilla o la maquinilla eléctrica podando su peludo jardín facial se adueñaba de su ser, dejaba escapar sus días por la cómoda rampa de la rutina permitiendo que los pelos le cubran su cara hasta que el populacho estallaba. La autoridad, serenidad y tranquilidad del señor Graham tan sólo se veía claramente sometida y alterada por los ultimátum lanzados por su señora madre, sólo cuando ella le insistía para que se afeitase o al menos retocase la barba, él pensaba fugazmente emanciparse por vez primera en sus 47 años de vida. Tras unos segundos de fríos y oscuros pensamientos, al imaginarse viviendo solo como tantas veces su madre le rogaba, rendía su escudo y claudicaba ante el populacho encaminándose al aseo para rasurar su rostro, con la sonrisa calmada y satisfecha del que sabe que no volverá a afeitarse hasta dentro de varias semanas.

El señor Graham: es alto y desgarbado, muy flaco y con nariz aguileña, cejas muy pobladas sobre unos ojos de sapo, frente amplia y despejada, mandíbula cuadrada y dura, pero lo que más llama la atención de él es su cascada y aguardientosa voz proveniente de las cavernas más profundas de ninguna garganta conocida por la humanidad. Todos los que le conocen se preguntan entre sí cuándo le cambió la voz, nadie puede recordar con exactitud la edad que tenía cuando su voz comenzó a salir de su garganta como una lija, tanto su señora madre como él nunca responden a tal pregunta por lo que continúa siendo un misterio casi tres décadas después. El asunto se enreda aún más ya que nadie puede tampoco recordar de forma clara y precisa cómo era su voz antes de la que tiene actualmente, es como si la estridencia gutural haya borrado cualquier vestigio del tono de voz anterior.

Desconocemos porqué motivo, razón o circunstancia el asunto del cambio de voz del señor Graham no atrae tanta curiosidad e interés científico como descubrir el último eslabón en la evolución humana. En la intrascendencia más absoluta encuentra su existencia más absurda el hecho de averiguar cuándo le cambió exactamente la voz, si fue progresivo o de un día para otro, si él o su señora madre lo notaban a diario o si fue de repente de un día para otro como en la fascinante historia de Kafka “ La Metamorfosis “.

Fdo. El Capitán Veneno