1001. EL SÍNDROME BALLON POP
Marta García Pons | Miss Blackmoon

‘- Bueno, ¡sería ya el colmo! – dijo Ana dando un portazo en la consulta del Dr. Ramírez. Su indignación era tan grande que se vio forzada a buscar un punto de apoyo de manera urgente. Instintivamente se sujetó de una barandilla justo antes de ¡Flop! hincharse de nuevo.
«Anita, ¿Qué te ha pasado? Madre mía, madre mía ¡Que te has puesto como un globo aerostático!», aullaba su consagrado esposo mientras su mujer se elevaba hasta el techo.

El doctor quedó atónito, no podía creer lo que había visto… ¡Demonios! ¿Qué le pasaba a esa mujer? Tal vez el origen desconocido era un desorden nervioso o igual venía por un atracón navideño (¡ahá! Justo lo que le había diagnosticado hacía un minuto ¡sobrepeso!) .
Él mismo se consideraba un lince en la diagnosis, no iría desencaminado.
Con Ana en el techo, se formó un gran revuelo en el hospital.
Una de las interinas en prácticas espetó:
-¡Pero es un claro caso del síndrome de Balloon Pop!. – Al médico no le sonaban ni campanas lejanas.
– Podría ser señorita. Por favor, explique al resto de sus compañeros los síntomas y la causa del síndrome, ya que parece conocerlo tan bien. – Se adelantó el doctor, sintiéndose un ser de astucia superior por un momento.
– Claro doctor, con gusto. Verán, según un estudio de la Universitat de Pentygrewflof, el inflamiento, que no inflamación, es uno de los síntomas de un nuevo síndrome que afecta a un buen número de mujeres. Este síndrome recibe el popular nombre de “Síndrome de Fast empowering» o “Balloon Pop”. La mayoría de pacientes en las que se ha detectado son mujeres de marcada personalidad y suelen realizar funciones laborales y sociales anacrónicamente otorgadas a hombres. También resultan ser especialmente sensibles a figuras de autoridad impuestas. En esta línea, un jefe que puede ser fácilmente un inepto heredero de un negocio, por ejemplo, las sacaría de quicio. Parece ser que ya no es suficiente la reacción conductual sino que se precisa de una reacción física para liberar toda la tensión, así que el cuerpo decide inflarse súbitamente cual globo. El gas generado, al estar caliente, proporciona un buen rato de vuelo a la persona afectada hasta que desaparece y el cuerpo se precipita, cayendo al suelo como un saco de patatas lanzado desde un primer piso. Una pena.
Sólo uno de los casos registrados ha sido tan grave que ha conllevado la desaparición de la persona. Katherine Maars se hinchó después de discutir con su marido una noche del pasado noviembre, salió volando y aún la están buscando.
– ¡Muy bien!- dijo el doctor, que se acababa de enterar de todo el tema del síndrome. – Ya veremos si se ha ganado el positivo, pero su exposición ha sido notable… para ser una mujercita tan joven y bonita.
¡Flop! Y, en un abrir y cerrar de ojos, la estudiante estaba flotando en el techo junto a Ana, hinchada como un pez globo.