El SOL SIEMPRE SALDRÁ
Songül Süren Yolsal | Nemo

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En los pasillos de la residencia resonaban los sonidos de los pasos de un hombre que se acercaba a la habitación oscura de una anciana. Él se infiltró en la tenue luz, abrió y cerró la puerta, con un chirrido, apoyando la espalda para observarla.

La mujer se incorporó sobresaltada en su cama, sintiéndose como si estuviera dentro de una cueva, atrapada entre paredes grises y húmedas.

– ¡Socorro! No quiero estar aquí. Abre la puerta, quiero salir. ¡Auxilio!

Sus llantos resonaban en las paredes, penetrando en la calle, los otros edificios y sus habitaciones. Los Magnolios se acercaban a las ventanas para ver qué estaba ocurriendo; fisgoneaban las hojas y veían un hombre que sujetaba el brazo de la mujer, acariciándolo mientras le inyectaba una solución letal por la vena. Ella apretaba las manos y se clavaba las uñas en la palma, al tiempo que cerraba la boca, mordiéndose la lengua.

Al día siguiente, llevaban el cuerpo sin vida de la mujer al cementerio de los sin nombre. Los pájaros seguían cantando, se escuchaban las sonrisas de los niños y los Magnolios continuaban floreciendo.



Nemo